EL DELFÍN

Este es un espacio para la difusión de conocimientos sobre Ciencia Política que derivan de la Carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México.

viernes, 21 de febrero de 2020

Italia: las vicisitudes de la izquierda

Italia
Los frutos amargos de las vicisitudes de la izquierda
17/02/2020 | Franco Turigliatto
El segundo gobierno Giuseppe Conte, anunciado por el presidente Sergio Mattarella el 4 de septiembre de 2019, establecido después de la crisis del pasado agosto 1/, compuesto por el Partido Democrático (PD) 2/ y el Movimiento 5 Estrellas ( M5S) 3/, ha sobrevivido en los últimos meses a pesar de su constante disensión interna y su inestabilidad permanente. Liberi e Uguali [LeU, Libres e iguales, una amalgama de grupos similares: Movimento democrático e progresista, surgido del PD, producto de Sinistra italiana, que viene de las cenizas de la bancarrota socialdemócrata y del PD, y Possibile, preveniente del PD] que participa en el mismo, constituye una componente reformista subalterna, sin tiene importancia. El gobierno también tuvo que hacer frente a los ataques políticos de los partidos de derecha, que orientan y movilizan a importantes sectores de la sociedad, sobre temas racistas, xenófobos y de seguridad. Finalmente se enfrentó a dos peligros políticos peligrosos, la promulgación de la ley de presupuesto en diciembre de 2019 y las elecciones en dos regiones importantes, Emilia-Romaña y Calabria, a fines de enero de 2020.
Cuatro elementos han permitido mantenerse al gobierno. En primer lugar, la voluntad de los dos partidos que lo componen de evitar a toda costa nuevas y demasiado arriesgadas elecciones políticas, cuando las encuestas otorgan a la derecha dura más del 50% de los votos. En segundo lugar, la actitud favorable de las burguesías italianas y, en general, europeas, a través de las instituciones de Bruselas. Además, el apoyo abierto de las tres principales centrales sindicales, incluida la CGIL 4/. Y, por último, el temor real de importantes sectores de la sociedad a que la Lega de Matteo Salvini 5/ y su hermano enemigo Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni 6/ llegasen al gobierno.
El hecho es que el impulso reaccionario de los partidos de esta derecha no se ha debilitado y que la sociedad sigue emponzoñada con venenos xenófobos, racistas y antisemitas, debido a la ausencia de un fuerte movimiento de las clases trabajadoras. Los actos antisemitas se han multiplicado en las últimas semanas. El Informe Italia, del instituto privado de investigación Eurispes, proporciona datos escalofriantes sobre el número de personas que creen que el Holocausto no existió, que pasa del 2,7% en 2004 al 15,6% en la actualidad 7/.
La ley de finanzas públicas (presupuestos) y la discontinuidad imposible
El escollo de la ley de presupuestos se ha superado gracias a medidas significativas, que ascienden a 30 mil millones de euros, un desborde hecho posible por la flexibilidad mostrada por la Comisión Europea. Esto representa un déficit presupuestario de más del 2%, lo que ha permitido congelar los incrementos en el IVA, que deberían haberse activado en 2020 mediante mecanismos automáticos derivados de las leyes y regulaciones ya adoptadas a lo largo de los años pasados. Este acuerdo también fue posible gracias a una combinación de intervenciones sociales modestas y altamente específicas y aumentos de impuestos igualmente modestos distribuidos hábilmente. De entrada, debe señalarse que el gobierno amarillo-rosa (M5S y PD) se ha abstenido de tocar los enésimos y enormes regalos para el capital y las empresas otorgados mediante reducciones de impuestos adoptadas por gobiernos anteriores. Tampoco cuestionó las normas represivas dirigidas a las personas migrantes y las ONG que les rescatan en el mar. Tampoco las que criminalizan las luchas sociales y de las y los trabajadores.
El PD quisiera presentar el gobierno actual como una marcada discontinuidad en comparación con el anterior, dominado por la figura de Matteo Salvini. Pero ésta es una misión imposible, dada la posición económica y política de sus dos componentes principales, el M5S y el PD, así como por el recién nacido Italia Viva (IV) de Matteo Renzi 8/. En resumen, las leyes antipopulares adoptadas en el pasado en las esferas social, económica y civil han permanecido vigentes, al igual que la legislación que apoya la ofensiva de la patronal contra las condiciones de vida de las clases trabajadoras, las mismas que causaron desmoralización, desesperación y rabia entre las y los asalariados y que sirvieron como plataforma de lanzamiento para las tristes figuras de Salvini y Meloni y de sus partidos.
Lo primero que debería hacer un gobierno que quisiera mostrar una discontinuidad efectiva [con el anterior] habría sido derogar las leyes de la contrarrevolución liberal y patronal, ya sea las más infames de Salvini, votadas tanto por la Liga como por el M5S, como las adoptadas anteriormente por gobiernos de centroizquierda, inscritas en el mármol de la austeridad. Aquí es necesario un ejercicio de memoria [ver Anexo] para comprender el alcance de estos ataques.
Con respecto a la política internacional, Italia defiende sus intereses imperialistas a partir de su ex colonia, Libia, donde está sólidamente representada por la empresa multinacional de energía y extracción, L’Ente nazionale idrocarburi (ENI, Agencia Nacional de Hidrocarburos). Además, unos 8.000 soldados italianos se distribuyen en más de 40 países, para misiones que le cuestan al Estado casi 1.500 millones de euros al año. Peor aún, el 2 de febrero de 2020, el acuerdo con Libia se renovó automáticamente y por tres años, sin que el gobierno hiciera nada para bloquearlo o siquiera modificarlo, aparte de algunos declaraciones huecas, pro forma. De ese modo, aseguraba la financiación de los guardacostas y los campos de concentración en los que se encierra a las personas que intentan llegar a las costas de Europa.
Elecciones regionales de Calabria y Emilia-Romaña
En este contexto, el 26 de enero de 2020 se celebraron las elecciones a los Consejos Regionales y las Presidencias de Calabria y Emilia-Romaña, consultas que tienen el valor de una prueba de alcance nacional. Matteo Salvini las había convertido en su caballo de batalla, con el objetivo no solo de conquistar los dos gobiernos regionales, sino también de provocar la caída del gobierno y, por tanto, elecciones políticas nacionales.
En Calabria, la coalición de derechas tuvo éxito, 55% de los votos, lo que le permitió conquistar una región más. [El M5S se presentó por separado del PD, recogiendo el 6,27% de los votos (7.35% con Calabria Civica), el PD alcanzó casi el 14%, Liga y Forza Italia tuvieron un porcentaje respectivo de casi 12 %]. La coalición de centroizquierda pasó del 61% de los votos en 2014 al 30% en 2020, pagando así el precio de su calamitosa gestión política. [Los partidos de la coalición de centroderecha totalizaron el 33% de los votos en 2014 y el 67% en 2020 y el M5S aumentó ligeramente, del 4,96% al 6,27%. Sin embargo, estos porcentajes deben relativizarse, o al menos colocarse en una continuidad irregular, si sabemos que en 2010 la derecha alcanzó el 58%, el PD 32%, y que en 2005 el centro-izquierda totalizó el 59%, la derecha el 41%]. Con el 14% de los votos, el PD es el partido más votado en la región, pero eso no debería llevar a Nicola Zingaretti, presidente de la región del Lacio y secretario del PD, a cantar victoria: la abstención ha alcanzado nuevas cotas [56% según las encuestas], expresando desconfianza y repliegue de sectores enteros de la población. Esto dejó el camino abierto a las hermandades tradicionales de poder vinculadas a la antigua Forza Italia 9/, que logró mantenerse a la cabeza, en particular gracias a dos listas satélites.
La confrontación electoral en Emilia-Romaña 10/ centró toda la atención. Desde las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, éste ha sido un territorio de raíces profundas para el Partido Comunista Italiano (PCI), que lo administró desde 1970 (año en el que se establecieron los consejos regionales) hasta 1995 y, de 1995 a 2020, a través de las sucesivas mutaciones del PCI, primero el Partito democratico della sinistra (PDS), luego el Democratici di sinistra (DS) y finalmente el Partito democratico (PD). Las antiguas administraciones regionales del PCI habían desplegado políticas socialdemócratas efectivas, garantizando servicios eficientes a través de un pacto político y social que unió a las administraciones locales, las y los asalariados, comerciantes, artesanos, cooperativas, algunas de las cuales se habían convertido en verdaderas transnacionales, así como a muchas grandes y pequeñas empresas. La crisis económica latente, las políticas de austeridad y las privatizaciones (especialmente en salud, transporte, sin mencionar el hormigonado del territorio), administradas por la administración regional, han exacerbado las contradicciones sociales, debilitado a importantes sectores sociales y acabado por aniquilar este pacto social 11/.
Si durante muchos años la Liga, y sus predecesores, no pudieron cruzar el río Po, que separa Lombardía y Véneto de Emilia, las cosas han cambiado en los últimos años.
Durante las elecciones nacionales de 2018, y después en las elecciones europeas de 2019, tanto el M5S como la Liga de Matteo Salvini alcanzaron porcentajes superiores al 30%. Las elecciones regionales de 2014 dieron la victoria al candidato del PD, Stefano Bonaccini [49% de los votos], con una baja participación [38%], destacando la creciente desafección de los grandes sectores populares respecto el centro-izquierda . Por otro lado, las elecciones de enero de 2020 tuvieron una participación mucho mayor [68%].
Matteo Salvini pensó que podría dar la puntilla al PD, conquistar el fortín histórico de la izquierda y obtener una victoria tanto política como histórica. Puso los medios: una fuerte campaña mediática, martilleando con comentarios xenófobos y racistas. Su maquinaria electoral fue dirigida por su asesor de comunicación Luca Morisi, al frente de un equipo de 35 personas que cubrieron la actividad del líder las 24 horas del día, activando una vasta red permanente de intervenciones y contactos de todo tipo, desde las más clásicas hasta las redes sociales que la Liga llamó "La Bestia" [usando el nombre de la maquinaria electoral de Barack Obama, ciertamente diferente].
Al final, su fracaso alivió a muchos italianos, al PD e incluso al gobierno. Pero las cifras son preocupantes y demuestran hasta qué punto la amenaza de la Liga está lejos de haber sido superada. Sus resultados, en el antiguo bastión rojo, tanto en valores absolutos como en porcentajes, son impresionantes, al igual que su capacidad para orientar, desorientar y movilizar importantes sectores de la sociedad.
El candidato a la presidencia regional, Stefano Bonaccini (PD), obtuvo el 51,4% de los votos contra el 43,6% para la candidata de las derechas [Lucia Borgonzoni]. La agrupación de partidos, presentada como de centro-izquierda, solo supera el 48%, mientras que las fuerzas de derechas obtienen un preocupante 46%, incluido el 31,9% para la Liga y el 8,6% para la extrema derecha de Fratelli d’Italia, que duplicó sus votos, mientras que Forza Italia, de Silvio Berlusconi, obtuvo resultado insignificante.
El candidato Bonaccini logró sus objetivos al lograr al 65% de los votos que había obtenido en la consulta precedente, el 17,7% de quienes se habían abstenido, el 9% de los del M5S y el 6,1% del centroderecha 12/. También apoyó su campaña en una densa red de administradores locales, cooperativas, sindicatos, así como en el mundo empresarial y, por último, pero no menos importante, recibió el apoyo fundamental del movimiento de las sardinas.
Sardinas
Las sardinas es un movimiento que nació, y no es una coincidencia, en la principal ciudad de Emilia-Romaña, Bolonia, en noviembre de 2019. Su objetivo explícito era contrarrestar la campaña de odio y racismo del jefe de la Liga. En un mes las sardinas multilicaron las reuniones en todas las ciudades de la región, organizando grandes reuniones con decenas de miles de personas, con una fuerte presencia de jóvenes, pero también una audiencia de más edad. Expresa la preocupación, presente en grandes sectores, de ver consolidarse un sentido común racista y violento contra la gente más vulnerable, alimentado por las derechas más reaccionarias.
Las sardinas lograron interpretar, pero también despertar, las sensibilidades antifascistas, antirracistas y democráticas, mediante la construcción de un tipo de movilización correspondiente a su nivel de politización. Es un movimiento de opinión pública, aún no estructurado y que no ha hecho la experiencia de debates sobre temas sociales.
Sus líderes se presentan como queriendo borrar de la política el lenguaje del odio y el racismo, llevando el debate a estándares de corrección política, incluso al buenismo. Pero más allá de esta orientación política, no hay duda de que fueron capaces de alentar a muchos jóvenes y mayores a ir a votar, creando una contratendencia visible y masiva a las posiciones de Salvini y la Liga.
Las y los jóvenes líderes de este movimiento tienen relaciones con los círculos generalmente tocados por el PD, pero también con sectores católicos, que se han comprometido a obstruir el surgimiento de las derechas duras y que tienen, como referencia, al cardenal de Bolonia Matteo Zuppi. Diarios como La Repubblica , vinculados al PD, apoyaron incondicionalmente esta iniciativa ofreciéndole su plataforma con el objetivo de la reactivación y renovación del PD. Actualmente, se están llevando a cabo muchas iniciativas destinadas a dirigir parte de sus líderes hacia la reconstrucción de un nuevo centro-izquierda.
La crisis de M5S
El M5S atraviesa una grave crisis política y organizativa que se salda en una caída en su apoyo electoral. En las elecciones nacionales de 2018 obtuvo 10 millones de votos (32%) y constituyó grandes grupos parlamentarios en la Cámara y el Senado. En las europeas de 2019, cayó al 17,1% de los votos, superado por la Liga (34,3%) e incluso por el PD (22,7%). En las últimas dos consultas electorales en Calabria y Emilia-Romaña, experimentó un verdadero desastre. En el primer caso, pasó del 43,4% al 7,3%, en el segundo de 27,5% al 3,5%. El líder político de M5S, Luigi Di Maio, previó esta situación dimitiendo en la víspera de las elecciones. Hoy el partido busca una nueva dirección, en medio de una gran confusión.
Así volvemos a una parábola política inevitable. Siempre hemos afirmado que su éxito fue el fruto de las políticas de austeridad y la profunda y concomitante crisis del movimiento de las y los asalariados, en un contexto de persistencia de una oposición genérica a la sociedad establecida, que el M5S había sabido drenar electoralmente.
Después de haber gobernado durante un año con la Liga y tras intentar escapar del beso mortal de Salvini dando vida a un nuevo gobierno y una nueva mayoría parlamentaria con el PD, esta organización política pequeñoburguesa no resistió la prueba del gobierno. A través de estas vicisitudes emergieron las debilidades políticas de sus líderes, al igual que las del partido en su conjunto. Comenzó a romperse ante la realidad de las contradicciones de clase. Hemos calificado al M5S como una fuerza pequeñoburguesa cuyos éxitos políticos y electorales se basan en la desmoralización de los trabajadores y en la ausencia de respuestas alternativas creíbles de la izquierda. Así, el partido "ni de derechas ni de izquierdas", privado de un programa socioeconómico mínimamente coherente, privado de reales relaciones sociales estructuradas (las redes sociales no bastan…), confrontado a las dinámicas y a las contradicciones de clase, no podía sino fundirse como la nieve al sol.
A partir de entonces, la derecha cosechó los frutos de la desesperación y el fatalismo atentista de vastos sectores populares que anteriormente se habían dirigido al M5S. En Emilia-Romaña, parte de su electorado recurrió al voto útil a favor del PD. Las 5 Estrellas se dividen entonces entre sus diversos componentes, uno que lamenta la alianza con la Liga, otro que desea recuperar su autonomía original y otro que apunta a una alianza consolidada y duradera con el PD. El Movimiento ya ha perdido una gran cantidad de diputados y senadores, pero sigue siendo el grupo parlamentario más numeroso aunque esto ya no corresponda a un consenso electoral equivalente en el país real. Esto solo puede causar más contradicciones dentro del partido y del gobierno 13/.
Un marco económico y social incierto.
La economía italiana experimentó un crecimiento muy modesto en 2018: un 0,8% que, en otras ocasiones, habría sido considerado como una recesión. Las estimaciones para el último trimestre de 2019 son negativas (-0.3%), y probablemente un estancamiento general para 2019. Esto no evitó que durante el dividend day [la distribución de dividendos a las y los accionistas en las principales empresas], generalmente en mayo en Italia, se produjera una lluvia de dividendos (26 mil millones de euros como mínimo). Y todo sugiere que este año nuevamente las y los accionistas podrán alegrarse, al igual que los miembros de la familia Agnelli, que el año pasado compartieron miles de millones de euros y que este año recolectarán la lluvia de oro de la fusión Fiat-Chrysler Automobile (FCA) con Peugeot SA (PSA) 14/.
El año pasado las exportaciones tiraron aún más del Producto Interior Bruto (PIB) de Italia. Pero la desaceleración de la economía mundial y, en particular la de Alemania, de la que Italia depende en gran medida, sugiere dificultades significativas en términos de producción y empleo, especialmente para la industria y las actividades relacionadas con ella. Así, según los últimos datos del Istat (Instituto de Estadística), la producción industrial se contrajo un 1,3% en 2019, la más marcada desde 2013, con una caída muy pronunciada en el sector automotriz: el 13,9%.
En 2019, los empleos fijos cayeron significativamente (-75.000), y no fueron compensados por el aumento en los empleos eventuales (+17.000). Las cifras oficiales indican 3.123.000 personas desempleadas y una disminución de las y los trabajadores autónomos activos que alcanzaron su nivel más bajo desde 1977. El desempleo es del 9,8%, el de la juventud del 28.9%, resultados muy pobres en comparación con los promedios europeos del 7, 4% y 15,3% respectivamente. Además al desempleo oficial, deben agregarse unos 3 millones de trabajadoras y trabajadores que, después de haber dejado de buscar trabajo, no aparecen en las estadísticas de empleo.
El trabajo se está volviendo raro y cada vez más precario. La combinación de la congelación de salarios en el sector público, los aumentos irrisorios en el sector privado, la reestructuración y los cambios de propiedad de las empresas que generan inseguridad laboral y bajos salarios, induce una distribución de la riqueza nacional que favorece a las rentas y los beneficios en detrimento del trabajo. Lo que no impide que la gran prensa burguesa denuncie en primera plana los estragos debidos a insoportables desigualdades sociales, al tiempo que defiende sin matices las medidas conservadoras que las generan.
El reciente informe de la ONG Oxfam indica que en 2019 el 1% de los italianos más ricos poseía, en términos de riqueza, más que el 70% de los italianos más pobres. Durante las últimas dos décadas de desaceleración o crisis, la riqueza de este 1% incluso aumentó un 7,6%, mientras que la del 50% más pobre disminuyó un 36,6%. Las cosas son similares cuando se consideran los ingresos, como lo explica el Instituto Italiano de Estadística (Istat): para 7,4 millones de familias italianas, más de las tres cuartas partes del ingreso familiar total provienen de la jubilación, inferior a 1000 € mensuales, de uno de sus miembros 15/. Con lo cual hay que sobrevivir escapando por poco de la pobreza extrema. Y, como si eso fuera poco, se está preparando una nueva ofensiva de la patronal contra el nivel de las pensiones. Esto en un país donde la población, según los datos de 2018 publicados estos últimos días por el Istat, disminuye y en donde la diferencia entre fallecimientos y nacimientos ha alcanzado un récord histórico: por cada 100 personas fallecidas, los nacimientos son 67, cuando hace 10 años eran 96.
Las grandes crisis industriales abiertas
En el contexto de esta crisis económica latente, unos 300.000 puestos de trabajo están actualmente amenazadas. Sobre la mesa del Ministerio de Economía y Desarrollo (MISE) se encuentran "160 situaciones de conflicto" (despidos, reestructuraciones, cierres o reubicaciones), algunas relativamente recientes, otras que se prolongan desde hace algunos años. Decenas de miles de personas empleadas están en situación de paro parcial. Para algunas personas en esta situación sus ingresos son muy bajos, otras se encuentran sin ingresos, y todas ven que se les acerca desempleo total. Estas son crisis que afectan prácticamente a todos los sectores, a la industria, el comercio, el transporte, los servicios, e incluso la informática. Están en la lista los nombres de Whirpool, Ilva, Embraco, Bekaert, Mercatone Uno, Conad, Unicredit, Alitalia y, en el trasfondo, un gran número de pequeñas empresas de subcontratas o ligadas a estos grupos.
La crisis de Alitalia, la compañía nacional de aviación, es interminable, y va desde el proceso de privatización hasta las intervenciones públicas cuyas consecuencias pagan las y los trabajadores.
La Ilva (anteriormente Italsider), la gran industria siderúrgica pública, uno de los pilares de la industria y el capitalismo italiano después de la guerra, pasó a manos privadas a principios de la década de 1990. Sus vicisitudes la hicieron emblemática del funcionamiento caótico del sistema capitalista y los desastres de la propiedad privada. En Taranto, en Puglia, donde se encuentra la sede del complejo industrial, solo el Estado sería capaz intervenir con urgencia: reorientar completamente la producción, limpiar un ambiente devastado por la contaminación, garantizar ingresos e incluso reconversión/formación de la gente asalariada, en resumen, recalificar todo el territorio a través de una transición indispensable y en profundidad 16/.
Lo mismo se puede decir de Whirpool, la empresa transnacional estadounidense que el año pasado anunció el cierre de la planta de Nápoles y, por tanto, la pérdida de cientos de empleos en una provincia ya martirizada por recortes de empleos. El escenario de Whirpool es similar a muchos otros. La empresa transnacional lLiga, utiliza la infraestructura pública y se beneficia de diversas formas de apoyo institucional local y nacional. Explota tranquilamente a las y los empleados durante unos años, obteniendo ganancias sustanciales, para finalmente encontrar un lugar aún más rentable al cual trasladarse. La primavera pasada, la lucha de las y los trabajadores en esta fábrica y la furia popular que se extendió a la ciudad fueron tan virulentas, que se podría haber pensado que el gobierno se vería obligado a comprar la empresa. La gerencia anunció de inmediato la suspensión de los despidos, la tensión disminuyó y, seis meses después, ¡la empresa volvió a confirmar el cierre a corto plazo! Tras algunas negociaciones, los sindicatos llegaron a apaños con la gerencia. Las y los trabajadores agredieron a las y los sindicalistas, acusándolos de haberles engañado y traicionado.
La guinda del pastel de estas malversaciones corresponde al gran banco Unicredit, el llamado banco italiano con un accionariado mundializado, una facturación de casi 19 mil millones de euros en 2019. Ha demostrado en qué medida se encuentra fuera de todo control social y político al anunciar que distribuirá 8 mil millones de euros, en forma de dividendos y recompras de acciones, al tiempo que anunciaba el despido de 8.000 personas empleadas de aquí a 2023. Seguimos esperando la respuesta de las burocracias sindicales, así como la del gobierno del "cambio".
Finalmente, mencionemos la crisis de lo que una vez fue la gran área de la industria automotriz en Turín, donde 10.000 empleos están amenazados, además de los 10.000 perdidos en los últimos 10 años. Pero lo peor está por venir, como fruto de la fusión de Fiat Chrysler Automobile (FCA) y Peugeot SA (PSA) 17/. (Artículo enviado por su autor; traducción de Dario Lopreno; edición por la redacción de A l’Encontre )

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