EL DELFÍN

Este es un espacio para la difusión de conocimientos sobre Ciencia Política que derivan de la Carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México.

domingo, 29 de enero de 2023

Cine: el tiempo de Armagedon

 El tiempo del Armagedón

U

no de los tópicos políticos en la campaña presidencial de Ronald Reagan en 1980 fue su alusión al clima decadente que prevalecía en Estados Unidos y al papel que él debería jugar para salvar a los ciudadanos de semejante desastre. Esa actitud de suspicacia moralista y odio hacia lo diferente (en especial, minorías étnicas y sexuales) está presente en El tiempo del Armagedón ( Armageddon Time, 2022), la cinta más reciente del realizador James Gray, notable cronista de su Nueva York natal desde su primer largometraje Pequeña Odesa (1994) hasta títulos como Los dueños de la noche (2007) o Sueños de libertad (2013). En esta ocasión, la trama escrita por el propio Gray se centra en la personalidad inquieta del casi adolescente de 11 años Paul Graff (Banks Repeta), y su doble relación conflictiva con su familia descendiente de migrantes judíos provenientes de Ucrania, y la escuela secundaria pública donde corre el riesgo de expulsión por su conducta rebelde. Su cómplice escolar de juegos y pequeñas fechorías es Johnny Davis (Jaylin Webb), un chico afroamericano quien sintomáticamente recibe siempre un castigo mayor que el de su amigo blanco por las mismas faltas. Este doble patrón en las penalidades no le resulta inusual a un Johnny acostumbrado a los prejuicios raciales y al escarnio, aunque para Paul supone el inicio de una singular educación sentimental en el barrio neoyorkino de Queens en los dos meses previos a la elección de Ronald Reagan, ese antiguo actor de cine, hombre providencial de la derecha republicana, dispuesto a salvar al país de una decadencia moral que, en su opinión, anuncia ya la hora del Armagedón.

Con el fin de afianzar su posición social en la sociedad estadunidense, los padres de Paul procuran enviar a sus dos hijos a una prestigiada escuela privada, aunque sus ingresos apenas alcanzan para asegurarle esa educación de élite a sólo uno de ellos, el primogénito Ted (Ryan Sell), dejando a su hermano menor en un plantel público donde tendrá la posibilidad de convivir con alumnos de clases sociales poco privilegiadas y compañeros de origen racial diferente al suyo. Su amistad con el afroamericano Johnny será así el punto de partida para que Paul llegue a cuestionar los abusos de una institución escolar drástica, pero también los de su padre Irving Graff (Jeremy Strong), hombre un tanto déspota, y la condición de su madre Esther (Anne Hathaway), a menudo sometida a las veleidades del patriarca doméstico. El único lazo afectivo sólido que mantiene el joven en esa familia es con su abuelo cómplice Aaron Rabinowitz (Anthony Hopkins), un hombre reducido por la enfermedad y la vejez a muy poca actividad, aunque dueño todavía de una gran lucidez que le permite ofrecer a su nieto orientaciones valiosas para sus primeras incertidumbres de adolescencia. La más significativa, tal vez, será la comprensión, para esa conciencia púber, de la semejanza entre una vieja discriminación antisemita (padecida por el propio Aaron y su descendencia), y el desdén racista que Paul advierte ya en el trato que recibe su amigo Johnny en la escuela y en su entorno social. En algún momento el chico advertirá también la paradoja existente entre sus pretendidos privilegios de hombre blanco y su condición de paria social en tanto judío en una sociedad intolerante, así como el difícil dilema moral, tal vez inevitable, de tener algún día que adaptarse a ella.

La descripción realista del ámbito doméstico en que se desenvuelve Paul combina humor e ironía (a cargo del veterano Hopkins) con un toque de sensiblería en la comunicación intergeneracional, y una deriva romántica con un guiño al cine de François Truffaut ( Los cuatrocientos golpes, 1959), en escenas que aluden a la pequeña delin-cuencia del protagonista y a ese vacilante inconformismo suyo que tendrá su definición moral definitiva en una dura prueba de lealtad hacia su amigo Johnny. Hay una fina observación sicológica en este retorno de James Gray, cineasta siempre atractivo y camaleónico, al tono intimista de sus primeras realizaciones.

Se exhibe en la sala 9 de la Cineteca Nacional a las 21 horas.

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