EL DELFÍN

Este es un espacio para la difusión de conocimientos sobre Ciencia Política que derivan de la Carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México.

viernes, 6 de mayo de 2022

El tercer mundo como alternativa global

 

El Tercer Mundo como alternativa global

Robert Heinze 

29/04/2022

Los intentos de los y las activistas anticolonialistas de desarrollar un orden mundial más allá de la confrontación entre bloques constituyeron uno de los últimos proyectos internacionalistas del siglo XX. ¿Qué fue de eso?

Poco después del ataque de Rusia a Ucrania, el embajador de Kenia ante las Naciones Unidas, Martin Kimani, intervino en la sesión extraordinaria sobre la decisión de Rusia de reconocer las repúblicas de Donetsk y Luhansk. En su intervención contrastó dos modelos de autodeterminación nacional: el modelo étnico, del que acusó a Rusia de perseguir, y un modelo "pragmático" que, según su opinión, adoptaron las naciones africanas en la descolonización: reconocer las fronteras que se les impusieron para evitar las guerras, pero al mismo tiempo, acatar la integración económica, política y jurídica a escala continental.

Kimani se refería así a los objetivos originales de la Organización para la Unidad Africana (OUA), precursora de la Unión Africana (UA). Mientras que muchos celebraron su observación y la comparación que hizo entre el espacio poscolonial y el postsocialista, otros criticaron la "hipocresía" de este representante de un gobierno que a su vez viola regularmente las fronteras de Somalia y Sudán en el curso de operaciones antiterroristas. El periodista keniano Patrick Gathara fue más allá en sus críticas: desde el principio, la propia OUA había sido un proyecto de las élites africanas, más interesadas en la continuidad de las condiciones coloniales que en una verdadera descolonización.

Esta discusión apunta a la ambivalencia fundamental de uno de los últimos proyectos internacionalistas del siglo XX, a saber, los intentos de políticos y políticas, activistas e intelectuales de desarrollar, partiendo de la coordinación internacional y la organización de estados-nación independientes en el Tercer Mundo, un orden mundial alternativo más allá de la confrontación de bloques y el intercambio desigual. Si queremos ahondar, como pedía Nelli Tügel en el número anterior de esta revista, en la cuestión de los fundamentos de la política internacional de izquierdas más allá de las apelaciones a las instituciones diplomáticas y de derecho internacional establecidas, merece la pena rastrear desde el desarrollo de un internacionalismo de izquierdas basado en las clases hasta el antiimperialismo de ámbito nacional de la segunda mitad del siglo XX. No se trata solo de la evolución interna de la izquierda internacional, sino también de las presiones del exterior a las que se exponía en cada nueva coyuntura histórica. La perspectiva de los y las comunistas del Tercer Mundo muestra lo difícil que resultó para los y las internacionalistas agitar y actuar más allá del estado-nación. Especialmente aquellos que habían sido activos en la Comintern o en alguna de las organizaciones antiimperialistas de su entorno -como la Liga contra el Imperialismo de Münzenberg- se enfrentaron a nuevas realidades después de 1945 y tuvieron que reflexionar sobre cómo podían sostenerse los modelos internacionalistas de organización política en un mundo de estados nacionales.

Se desaprovechó el momento anticolonial

Los debates de la izquierda sobre el derecho a la autodeterminación nacional, formulados por primera vez en los "14 puntos" del presidente estadounidense Woodrow Wilson al final de la Primera Guerra Mundial, se iniciaron con las "Tesis sobre la cuestión nacional y colonial" presentadas en el II Congreso de la Comintern. Para entonces, muchos activistas anticolonialistas habían renegado definitivamente del modelo de Wilson tras haberles quedado claro que su versión de la "autodeterminación nacional" se aplicaría ante todo a los países de Europa del Este que habían surgido de las ruinas de los imperios europeos, y en absoluto a las colonias existentes en Asia y África. El debate entre Lenin y el comunista indio Manabendra Nath Roy, que precedió al borrador de las tesis de la Comintern, pone de manifiesto la contradicción fundamental que caracterizó al movimiento anticolonial hasta mucho después de la Segunda Guerra Mundial. Lenin era de la opinión que, a medida que se desarrollaran las luchas, los y las comunistas debían cooperar primero con los movimientos nacionalistas burgueses. Roy insistió en que esta cooperación podría ser, a lo sumo, táctica y limitada en el tiempo, y que los movimientos revolucionarios de masas solo podrían surgir, en última instancia, fuera de las organizaciones nacionalistas.

La evolución de la Comintern decepcionó a muchos de sus miembros anticolonialistas. Durante la invasión de Etiopía por parte de la Italia fascista en 1935, el movimiento anticolonialista mundial alcanzó un auge sin precedentes. Activistas como W.E.B. DuBois, C.L.R. James o George Padmore se radicalizaron y abandonaron cualquier creencia de poder aprovechar la Sociedad de Naciones como institución para la causa anticolonial. Pero al mismo tiempo, según C.L.R. James, la Comintern, por entonces centrada en los frentes populares europeos, perdió la oportunidad de asumir ese papel. El momento anticolonial de la guerra de Abisinia, sostiene James, junto con coyunturas revolucionarias como en Francia y España, y con la coordinación activa de la Comintern, habría ofrecido una oportunidad para construir un movimiento internacional de masas y exponer públicamente la "hipocresía" de los estados imperialistas que dominan la Sociedad de Naciones y su timorata política de sanciones. Sin embargo, la Comintern decidió establecer la estrategia de frente popular contra el fascismo, que requería una cooperación con las potencias imperialistas de Europa.

Después de la Segunda Guerra Mundial, estos activistas anticoloniales, como Kwame Nkrumah, Ho Chi Minh, Jomo Kenyatta, Eric Williams y otros que más tarde se convertirían en la primera generación de jefes de estado poscoloniales, se verían enfrentados a una nueva realidad mundial. Con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), no solo se había establecido finalmente el modelo de organización internacional de la Sociedad de Naciones. A partir de entonces era esencial para cualquier política anticolonial referirse al estado-nación como recipiente de soberanía, porque antes de la ONU solo los estados-nación podían ser reconocidos como entidades independientes. Destacados activistas anticoloniales regresaron de las metrópolis a sus países de origen, donde los soldados que regresaban, los y las trabajadoras en huelga y el campesinado sublevado, junto con las asociaciones burguesas locales, también formaron la base de los partidos nacionalistas que pronto se fundaron. A nivel internacional desarrollaron como estrategia central la afirmación del derecho a la autodeterminación nacional como derecho humano.

Nuevo orden económico internacional

Al hacerlo, los y las anticolonialistas de izquierda siempre mantuvieron su horizonte global. El derecho a la autodeterminación nacional de las colonias como derecho humano se reivindicó por primera vez en las conferencias panafricanas de los años 40 y se convirtió en el núcleo del activismo anticolonial. Sin embargo, la perspectiva en sentido amplio continuó siendo internacional y solidaria. La ONU era un espacio necesario de la actividad política, pero los proyectos políticos apuntaban más allá. Porque en un mundo que seguía siendo imperialista a pesar de la descolonización, en el que persistían las dependencias de carácter político y sobre todo económico, la autodeterminación nacional tenía como condición previa la lucha global contra el imperialismo y el desarrollo de modelos alternativos al orden mundial. Al mismo tiempo, comunistas como el economista Samir Amin se enfrentaron al problema de trabajar en estructuras nacionalistas burguesas, pero tratando de desarrollar políticas progresistas de desarrollo como consecuencia de la posición desigual de su nación en el sistema mundial.

Desde el punto de vista político, el proyecto de utilizar el estado-nación como punto de partida para el activismo emancipador global se concretó en la Conferencia de Bandung y sus proyectos sucesores, el Movimiento de los No Alineados y el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). Los tres sirvieron para la autoorganización de los estados de África, Asia y América Latina que se autodenominaron Tercer Mundo. Este término, acuñado por primera vez por un sociólogo francés, cobró sentido no solo como alternativa a los "dos mundos" de los bloques en la Guerra Fría, sino también como alusión al "Tercer Estado", la clase de la que partió la Revolución Francesa. De este modo, los estados y movimientos así autodenominados no se remitían a una jerarquía, sino a alternativas globales y dinámicas revolucionarias.

Manabendra Nath Roy ya había señalado que en el contexto de la explotación colonial, que permitía concesiones materiales a los trabajadores y trabajadoras por parte de los centros de poder imperialistas, el sujeto revolucionario debía buscarse en las colonias. Como muestra la crítica de James, la Comintern había tenido esto muy poco en cuenta. Bandung y el Movimiento de los No Alineados renovaron esta estrategia, pero la combinaron con misiones diplomáticas, coordinación en las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales. La autodeterminación nacional se convirtió así en una palanca estratégica para conseguir más influencia a nivel mundial mediante la acción conjunta en la Asamblea General de la ONU. Según las palabras de Samir Amin, la "era de Bandung" fue un intento de demostrar que las burguesías del Tercer Mundo no eran necesariamente "compradoras" (Kompradoren) (es decir, dependientes de las burguesías de los centros de decisión capitalistas), en contra de las críticas de comunistas y maoístas, sino que podían actuar a la cabeza de un bloque hegemónico nacional-popular contra el "intercambio desigual" en el sistema mundial capitalista y posibilitar el desarrollo progresivo del Tercer Mundo. Por eso, jefes de estado comunistas y socialistas como Tito o Castro, Nyerere y Michael Manley, así como intelectuales marxistas como Amin o Walter Rodney, se comprometieron en la cooperación con nacionalistas como Nehru o Nasser.

El resultado más importante de esta coordinación fue el intento de establecer un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). Poco después de la independencia de Ghana, Kwame Nkrumah ya había manifestado que la independencia política no valía nada si continuaba la dependencia económica de las antiguas potencias coloniales. La teoría de la dependencia, que analizaba estas relaciones de dependencia y desarrollaba recetas para desvincular a los nuevos estados de ellas, se convirtió en el enfoque más importante para el desarrollo de estrategias políticas. Sin embargo, los intentos de aplicar estas estrategias a nivel nacional fueron limitados; en particular, la "desvinculación" recomendada por los teóricos de la dependencia, la desconexión de los flujos comerciales internacionales con el fin de construir la producción nacional, no podía lograrse sin una cooperación horizontal en el marco de la solidaridad entre el Tercer Mundo. Para ello, Kwame Nkrumah había perseguido una federación de Estados africanos según el modelo americano. Uno de los resultados fue la OUA, inicialmente panafricana y, por tanto, orientada a la cooperación solidaria.

El objetivo del NOEI, perseguido sobre todo por Julius Nyerere en Tanzania y Michael Manley en Jamaica, era llevar esta cooperación a las Naciones Unidas y establecer normas de derecho internacional que garantizaran un orden económico mundial más justo. Nyerere, en particular, combinó esta estrategia global con una estrategia de desarrollo nacional autárquico, focalizada inicialmente en la reorganización del sector agrícola y en la distribución justa de la tierra. En este sentido, tuvo una estrecha relación con los teóricos de la dependencia; entre otros, invitó a Giovanni Arrighi y a Walter Rodney a la Universidad de Dar es Salaam para que investigaran el desarrollo histórico y la continuidad de las dependencias coloniales (Rodney escribió allí partes de su famosa obra "Cómo Europa subdesarrolló a África").

La "Declaración de Arusha" de Nyerere, que formulaba programáticamente esta estrategia, fue recibida durante una estancia en la Universidad de Dar es Salaam con amabilidad pero con escepticismo por C.L.R. James: "Es una bonita declaración de buenas intenciones, ¡pero he visto muchas declaraciones de buenas intenciones!" Esta fue también la actitud de muchas y muchos otros marxistas del Tercer Mundo. Samir Amin y los teóricos de la dependencia criticaron el proyecto del NOEI por considerarlo reformista; a fin de cuentas, estaba más orientado hacia el ideal socialdemócrata de un "mundo del bienestar social" del economista sueco Gunnar Myrdal que hacia el corte radical que exigía la estrategia de "desvinculación" de Amin.

El fracaso de Bandung

Pero Amin se aferró a la estrategia de Bandung. Las tensiones entre las aspiraciones radicales y las tácticas reformistas, así como las tensiones entre los gobiernos comunistas y nacionalistas dentro del movimiento, no pudieron, sin embargo, ser superadas a largo plazo. La cooperación horizontal y solidaria en las organizaciones del Movimiento de los No Alineados se vio presionada cuando los países productores de petróleo organizados en la OPEP -todos ellos también parte del Movimiento de los No Alineados- no redujeron el precio del petróleo para otros países del Tercer Mundo, en contra de lo esperado y a pesar de las intensas negociaciones en instituciones conjuntas como la OUA y el Movimiento de los No Alineados. Como consecuencia de la crisis económica mundial desencadenada por la crisis de los precios del petróleo, cayeron los precios de las materias primas como el cobre, de las que seguían dependiendo las economías del Tercer Mundo orientadas a la exportación. Tuvieron que endeudarse y  entraron así en la crisis provocada por el endeudamiento a principios de los años ochenta. Esto, a su vez, permitió la contraofensiva a través de instituciones como el FMI y el Banco Mundial, que hicieron retroceder, con los programas de ajuste estructural, los intentos de desvinculación, la planificación económica nacional de orientación socialista y el NOEI.

El fracaso de Bandung puede verse así como una confirmación de la advertencia de Luxemburgo citada por Nelli Tügel, pero tiene que ver con las coyunturas históricas en las que tuvieron lugar los proyectos relacionados. Como manifestó Samir Amin, las solidaridades "Sur-Sur" desarrolladas en este periodo al margen de la confrontación de bloques y de las relaciones explotadoras "Norte-Sur", como las forjadas por la Cuba castrista o los "estados de primera línea" de África del Sur en la lucha contra el apartheid, formaban parte de una "globalización de las luchas" cuyos ecos aún se notan hoy en día y han sido retomadas, aunque de forma incompleta, en proyectos como los foros sociales mundiales. Una estrategia diplomática puede ser necesaria en determinadas coyunturas históricas; pero siempre precisa de una sensibilidad hacia la posición de las respectivas naciones en el capitalismo global y hacia los estados nación como terreno de las luchas sociales, las cuales, en última instancia, deben ser el sujeto que hay que situar en el centro.

 

 
es investigador de historia contemporánea de África en el Instituto Histórico Alemán de París.
Fuente:
https://www.akweb.de/ausgaben/681/dritte-welt-als-globale-alternative-internationalismus-antikolonialismus/
Traducción:
Jaume Raventós

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