quiparar a las y los maestros de la CNTE con la ultraderecha conservadora limita y ensombrece el alcance del propio proyecto educativo de la Cuarta Transformación (4T). No hay proyecto educativo viable –aunque esté en la Constitución y las leyes– si no se sostiene en acuerdos de fondo con los actores de la educación. Y los acuerdos no se dan fácilmente si se parte del supuesto de que las diferencias entre gobierno y magisterio son de enorme distancia y profundidad. Se dificulta dialogar, se agravan las tensiones y conflictos y se oscurece el panorama educativo. Algo grave, porque en la educación se juega el alma de la nación.
Pero hay otras historias. El cardenismo rompió con las concepciones
porfiristas de la educación y mostró que era perfectamente posible una
convergencia con el magisterio, capaz de transformar la educación. Un
magisterio consciente, organizado y de gran dinamismo retomó y construyó
sobre las propuestas de intelectuales, educadores, funcionarios e hizo
posible concebir y poner en práctica en todo el país un proyecto
realmente nuevo. Este fue luego el ánima de un apoyo generalizado para
rescate de los derechos a la tierra y al trabajo, y al patrimonio de la
nación. Fue posible porque precisamente porque muchos maestros tenían un
horizonte político ideológico más allá del cardenismo (ver Raby),
entendieron y apoyaron la trascendencia de cambiar a fondo la educación.
Y lo hicieron con tal intensidad que no pocos con sus vidas pagaron la
lealtad a esa idea de educación que ahora había vuelto suya (Ver
Hernández Navarro, La Jornada 7/9/21). Por eso, no fueron ellas
y ellos quienes abandonaron el proyecto, fue el Estado que los
abandonó, a ellos y al proyecto. En efecto, el nuevo presidente (Ávila
Camacho) y su secretario de Educación, Torres Bodet, se encargaron de
eliminar, además de la autonomía plena de la UNAM, la escuela socialista
(popular) para (como dice Aurora Loyo en 1980:17) sustituirla por la escuela del amor
y más tarde, con mayor inteligencia, por la escuela mexicana
. Es decir, opuesta a la socialista, considerada pro soviética y ajena a la idiosincrasia
del pueblo mexicano. Con este cambio a la derecha se le abren espacios
enormes de intervención y al mismo tiempo está ya en marcha, con la
creación del SNTE y la SEP autoritaria, el rígido control del Estado
sobre el magisterio. Tan importante es este proceso que voces tan poco
extremistas como la del ex rector De la Fuente, aunque defienden el rol
de Torres Bodet, señalan que en esa época el Estado se volvió
autoritario: fue cooptando y controlando en su estructura autoritaria
los diversos mecanismos y procesos sociales que podían representar una
amenaza
. (Entrevista con Ricardo Ravelo revista Variopinto,
México, Feb. 2013:11). Desde ese distanciamiento originario se entiende
la historia de luchas pasadas y las que ahora comienzan a despuntar.
La 4T, sin embargo, no reconoció con la misma claridad ese proceso
del que formamos parte. No se ha dirigido a las raíces fundamentales del
problema educativo histórico y hasta conservador a partir de entonces y
que dieron lugar y vida a su expresión modernizada y neoliberal. Por
eso no lo descarta, hasta lo fortalece. Así, la reforma operada por el
secretario Moctezuma, llamada con histórico significado, la nueva escuela mexicana
consiguió acabar con algunos símbolos neoliberales –sobre todo la
evaluación para el despido y el en consecuencia INEE–, pero no concibió
siquiera que para transformar realmente había que enfrentar los
problemas que señalaba quien habría sido secretario de Educación de
reconocerse el triunfo de AMLO en 2006. Por eso, se fortalece con el
nuevo marco legal, la cara más esencial y visible del antiproyecto: el
autoritarismo y el control vertical en la educación básica y superior.
Derechos como el de la educación y la gratuidad, y la misma autonomía
universitaria, sometidos. Y en la básica todo el poder a la autoridad,
y, por tanto, deterioro laboral: falta de pagos, incidencias
y
ceses no resueltos desde 2012-2018, retorno unilateralmente decidido a
las escuelas, la adopción de una evaluación sistemática de los maestros
basada en puntos; idéntica a la de Salinas de Gortari, que cooptó y
silenció a los universitarios. La que opera con exceso autoritario
Unidad del Sistema para la Carrera de Maestras y Maestros (USICAMM)
(véase https://profelandia.com/los-desastres-de-usicamm/).
Estos y otros ejemplos de la nueva
SEP parecen mostrar un
interés no en la tarea conjunta por un proyecto educativo nacional
relevante, sino en el sistemático desperdicio de energía y talento en
batallas administrativas y conflictos a que obliga el régimen de
distanciamiento. La incapacidad de dejarlo atrás e ir a construir
acuerdos de mayor horizonte. Es decir, lo prioritario.
* UAM-Xochimilco
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