EL DELFÍN

Este es un espacio para la difusión de conocimientos sobre Ciencia Política que derivan de la Carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México.

jueves, 29 de noviembre de 2012

U n final que se escribio al inicio

Lorenzo Meyer: Un final que se escribió al inicio
29 de noviembre de 2012 • 06:41




LORENZO MEYER
·'HAIGA SIDO COMO HAIGA SIDO'

El final del sexenio de Felipe Calderón se escribió desde 2006. Al decidir él y el PAN alcanzar el triunfo en la elección presidencial de ese año a como diera lugar, también y a querer que no, optaron por imponer la naturaleza de los medios sobre la de sus supuestos fines. El resultado es lo que hoy tenemos: el retorno del PRI, una guerra inconclusa contra un narcotráfico fortalecido en la lógica de que si el Estado no gana, pierde, y una gran duda ciudadana sobre la naturaleza misma del sistema político.

·PUNTADA FINAL

La decisión de Calderón de concluir su sexenio mandando al Congreso una iniciativa sin futuro: cambiar el nombre oficial de nuestro país -ya no más Estados Unidos Mexicanos, simplemente México- puede interpretarse como una admisión implícita de derrota: como tras seis años de ejercicio del poder la realidad del país no cambió para bien, entonces, al menos, habría que terminar cambiándole de nombre al país. ¡Vaya final!

·LISTA TENTATIVA

Imposible saber cómo irá registrando la memoria histórica la herencia del último sexenio y del periodo panista en su conjunto. Sin embargo, aún sin el sosiego que supuestamente trae consigo el paso del tiempo, una perspectiva crítica puede listar los principales elementos para un primer juicio.

·LA DESTRUCCIÓN DEL JUEGO LIMPIO

Desde el punto de vista de la formación de la cultura política, el mayor agravio que infligieron Vicente Fox y Felipe Calderón a México es haber echado por la borda una oportunidad única para implantar entre nosotros y por primera vez los principios del juego limpio electoral, base indispensable e insustituible en el ejercicio de la democracia.

Ernesto Zedillo debe de ser juzgado con toda severidad por el Fobaproa, es decir, por la enorme deuda pública que nos heredó como producto de la irresponsabilidad y corrupción de la elite financiera en contubernio con la clase política. Sin embargo, en su haber se tiene que anotar que, al menos, fue el primer y único Presidente priista que frente a una oposición electoral fuerte no intentó echar mano de las trampas, del juego sucio propio del priismo tradicional, para imponerse una vez más sobre la voluntad ciudadana manifestada en las urnas tal y como había ocurrido en 1929, 1940, 1946, 1952 y 1988. Zedillo no cayó en la tentación de usar del "haiga de ser como haiga de ser" para no entregar el poder a Fox. En contraste, Fox y Calderón prefirieron que México perdiera la oportunidad histórica de permitir que fraguaran bien los primeros cimientos de una nueva cultura electoral que tuviera como centro el respeto a las formas y, sobre todo, del fondo de lo que significa permitir y acatar la voluntad de las urnas. Los dos líderes panistas hicieron todo lo posible por imponer su solución personal y partidista y para ello usaron desde el desafuero del candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, por un motivo absolutamente baladí, pasando por la creación de una atmósfera de miedo irracional contra la izquierda -el "peligro para México"-, negarse al recuento del "voto por voto, casilla por casilla" -algo que sí se hizo entonces y sin problemas en otros países como Costa Rica y justamente por la misma razón que en México: por lo cerrado de la diferencia de votos entre los punteros- hasta cerrar con la torcida decisión del TEPJF que si bien aceptó la existencia de intervenciones ilegales en la campaña a favor de Calderón (las de Fox o del CCE), no se atrevió a derivar de ello consecuencia alguna.

La negativa a permitir una alternancia que favoreciera a una izquierda con raíces cardenistas -el enemigo original del PAN desde 1939-, más el gusto por los privilegios y ventajas que da el ejercicio del poder, llevaron a que el panismo dejara pasar la oportunidad única de arraigar en México la credibilidad de los procesos electorales. Y las consecuencias de ello se perciben claramente hoy en los resultados de la última Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Practicas Ciudadanas (ENCUP, 2012) elaborada por la mismísima Secretaría de Gobernación. En esa encuesta, al preguntar a una muestra representativa de ciudadanos si consideraba que México vivía o no en democracia, el 34% respondió de manera afirmativa, pero un 31% lo negó y un 33% lo aceptó sólo parcialmente (www.encup.gob.mx). Así, tras 12 años de panismo, el 64% de los mexicanos siguen sin creer que en México se viva en una auténtica democracia.

·EL RETORNO DE LOS BRUJOS

El segundo hecho que destaca en el memorial de agravios que una parte de la sociedad mexicana ya ha elaborado contra los 12 años de gobiernos panistas es que Calderón termina su gobierno entregando la Presidencia al PRI, el partido autoritario que los panistas originales y sus sucesores a lo largo de medio siglo -hasta la época de las concertacesiones- consideraron inaceptable y un auténtico peligro para México por antidemocrático, corrupto, corporativista, estatista y demagógico. Si Fox, Calderón y el panismo hubieran estado a la altura de las circunstancias, el PRI sería hoy historia, pero como no lo estuvieron, el viejo partido creado por Plutarco Elías Calles es hoy el futuro. De nuevo, la responsabilidad histórica de Calderón en este retroceso es insoslayable.

·INSEGURIDAD

Además del retorno del pasado, el calderonismo dejó sin resolver el problema de la impotencia del Estado para enfrentar con eficacia a los cárteles del narcotráfico. El problema viene de lejos, pero al hacer de la lucha armada contra las organizaciones de narcotraficantes el centro del proyecto para ganar la legitimidad que no obtuvo en la elección y fracasar, el resultado no es simplemente un seguir como estábamos sino un retroceso, pues tras seis años de lucha los cárteles ya le tomaron la medida al "monopolio de la violencia legítima" del Estado y encontraron que podían sobrevivir al embate de policías, Armada, Ejército y asesores norteamericanos. Está por verse si el próximo gobierno puede recobrar el terreno perdido, avanzar y a qué precio.

·LA CORRUPCIÓN

Mientras el PAN y los panistas no tuvieron que pasar la prueba de la responsabilidad del poder, pudieron ser tomados por gente honrada y decente con autoridad para señalar la corrupción del PRI. Hoy eso ya no es posible. Y aquí volvemos a los datos de la última ENCUP, según los cuales y en una escala de cero a cinco, donde este último representa la corrupción total y el primero su ausencia total, los mexicanos le damos al país un 4.54, es decir, lo consideramos al borde de la corrupción total. Por otra parte, y de cara al futuro, el 56% de los encuestados considera que acabar con la corrupción es poco o nada probable y un 91% supone que los gobernantes cumplen poco o nada con la ley. Los índices publicados por Transparencia Internacional coinciden con esta percepción e incluso muestran que, entre 2007 y 2011, la percepción negativa ha aumentado (www.transparency.org).

·LA ECONOMÍA

Es frecuente oír que, después de todo, Calderón y los suyos manejaron bien la economía. La inflación no es muy alta -4.2% en promedio- y el crecimiento es modesto pero The Economist predice un brillante futuro para México como exportador. Sin embargo, y por lo que al sexenio se refiere, el hecho innegable es que pese a los históricos ingresos por exportaciones de petróleo, el crecimiento promedio real entre 2006 y 2012 resultó ser de apenas un magro 0.4% (Enrique Quintana, Enfoque, 25 de noviembre). En contraste, entre 1935 y 1982, la época del viejo modelo económico, ese crecimiento real fue, en promedio, del 3.17% (José Luis Calva, El Universal, 17 de junio, 2005). En definitiva, la economía no respondió bien a un panismo neoliberal, pero que toleró a todos los monopolios que heredó del PRI.

·EN SUMA

Desde la óptica empleada aquí, el calderonismo puede verse como un caso en que mal acaba quien mal inicia.

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