EL DELFÍN

Este es un espacio para la difusión de conocimientos sobre Ciencia Política que derivan de la Carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México.

sábado, 16 de febrero de 2019

La ruptura de Cuautla, se repite la historia

La ruptura de Cuautla, se repite la historia
E
l zapatismo, antes y ahora, termina en el lugar del referente de congruencia enfrentado a todo poder político. La postura de Emiliano Zapata hace 100 años, la radicalidad del neozapatismo de Chiapas, y la protesta de quienes hoy luchan por agua y tierra en Morelos tienen un punto en común: no se doblegan ante el incumplimiento de sus demandas.
El zapatismo enfrentó así a Díaz, a Madero y a Carranza. Las luchas inspiradas en Zapata han enfrentado con tenacidad a Salinas, a Fox, a Calderón, a Peña y ahora a López Obrador.
La ruptura entre Francisco I. Madero y Zapata el 18 de agosto de 1911 en Cuautla se debió a que el primero exigía el licenciamiento del Ejército Libertador del Sur, pero no ofrecía garantías de la restitución de tierras, principal motivo de la insurgencia campesina. En 2001, la ruptura del Ejército Zapatista con toda la institucionalidad partidista fue por el incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, garante de autonomía en territorios indígenas. Esta vez, febrero de 2019, los sectores organizados de Morelos, herederos de la lucha del caudillo, se sienten traicionados por el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
En la misma ciudad en la que Zapata y Madero tuvieron un grave desencuentro, los integrantes de la Asamblea Permanente de Pueblos de Morelos (APPM) protestaron durante el acto en el que el Presidente les cambió la jugada: en lugar de cancelar la termoeléctrica, corazón del Proyecto Integral Morelos, algo que el hoy Mandatario prometió en 2014 en Yecapixtla y en 2018 ante los usuarios del Río Cuautla, impuso una apresurada, inequitativa e ilegal consulta ciudadana.
Es sintomático que este problema, heredado de las administraciones pasadas, le explotara a López Obrador justo cuando durante una visita oficial a Villa de Ayala declaró mediante decreto el Año de Emiliano Zapata a propósito del asesinato del Jefe el 10 de abril de 1919. El Ejecutivo calificó la ruptura entre los dos íconos de la Revolución como un desacuerdo; para Zapata fue una traición.
Es sintomático que cuando un gobierno de cambio llega a la Presidencia da la espalda a algunos sectores populares y críticos claves para su triunfo y, además, los denosta. De acuerdo con el historiador Francisco Pineda Gómez, Madero dijo: la única bandera de las chusmas surianas es el bandidaje. López Obrador dijo a los activistas morelenses: Escuchen: radicales de izquierda, que para mí no son más que conservadores. Al insistir que las tierras eran de los hacendados, Madero recibió en Cuautla la consigna: ¡Muera Madero!. Un siglo después, Obrador escuchó: ¡Palero Madero!
El escenario enfrenta hoy a conservadores de su forma de vida relacionada al campo ante los regeneradores del sistema. La Historia repite el capítulo. Lo que antes eran haciendas cañeras, ahora son gasoductos, acueductos, plantas de generación de energía y otros megaproyectos. Los pueblos organizados exigen a este nuevo gobierno se cumplan sus demandas ancestrales. Por eso, la APPM mandó una carta al Presidente: no puede haber homenaje legítimo a Zapata si no cancela la termoeléctrica.
También, el zapatismo de Chiapas, en boca primero de sus voceros, y ahora de sus mujeres, se han puesto en alerta ante la construcción del Tren Maya y las políticas agrarias obradoristas: a luchar con todo y con todas nuestras fuerzas en contra de esos megaproyectos. Si conquistan estas tierras, será sobre la sangre de nosotras las zapatistas, escribieron las mujeres del EZLN.
Sólo si los sectores agraviados (el zapatismo de Chiapas, el nuevo zapatismo de Morelos, los opositores a la Guardia Nacional), se reagrupan con las nuevas luchas que brotarán ante el inminente paso de la minería canadiense, la operación de ductos ya impuestos (como las mujeres yaquis de Bácum, los otomíes de Pahuatlán, los rarámuris de Chihuahua), habrá una constelación de luchas que propondrá la posibilidad de plantear formas de vida distintas a la derecha recalcitrante y al progresismo de continuidad.
Sólo así será posible romper el ciclo de la historia, aquel que repite eventos como el de Cuautla, y que nos coloca de nuevo en el lugar que un campesino que protagonizó la protesta ante Obrador decía: “volvemos a caer en el mismo punto: la defensa de la tierra como hace 100 años.
Pero se va a topar con la resistencia de los pueblos.
* Cronista

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