EL DELFÍN

Este es un espacio para la difusión de conocimientos sobre Ciencia Política que derivan de la Carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México.

viernes, 7 de julio de 2017

Francois Houtart, las raices de su camino

François Houtart, las raíces de su camino Gianni Tognoni*
Q uizás el resumen más eficaz del perfil de François Houtart, uno de los indiscutidos protagonistas de las luchas para la afirmación, la defensa, los caminos del derecho a una vida en la dignidad de los pueblos –de América Latina, aunque también de Asia y de África: desde los tiempos de la descolonización hasta el presente de una recolonización global– se encuentra en las palabras que abren el recuerdo de Frei Betto: François Houtart transvivenció el pasado 6 de junio en Ecuador. Tenía 92 años y el entusiasmo revolucionario de un joven de 20. Las etapas de su larga e intensísima vida son bien conocidas y accesibles en la red, no necesitan ser repetidas en los detalles. Protagonista de la traducción de la teología de la liberación en herramientas concretas para las comunidades marginalizadas, con un rol en la renovación doctrinal e institucional de la Iglesia en el Concilio Vaticano. Tuvo una actividad intensa desde su fundación en el Tribunal Permanente de los Pueblos hasta la sesión sobre las Trasnacionales en América Latina y la connivencia de la Unión Europea, o sobre el genocidio del pueblo Tamil. Fue fundador y actor siempre presente en la vida de los fórum mundiales de los pueblos; una presencia incansable, crítica y propositiva, con entusiasmo y sin ilusiones, en las historias de liberación, de constitucionalización, de resistencia, de experimentación política en Cuba, en Vietnam, Colombia, Ecuador, y en la imaginación de un socialismo postcapitalista para el siglo XXI. Sus publicaciones, sin número, directas y promovidas, documentan la riqueza y la creatividad de una inteligencia que se formó en una actividad académica metodológicamente innovadora. Las líneas que siguen son la memoria de un amigo y compañero que he acompañado muy de cerca desde los años setenta. Con agradecimiento, por la experiencia de haber compartido con él una muy coherente metodología del vivir mediante tantos escenarios, nunca fáciles; y con la alegría de un abrazo pocas semanas antes de su entrada en la vida de la memoria colectiva, en su pequeña habitación en la Casa del Indio en Quito, discutiendo de programas de trabajo con y para los pueblos originarios. Pocas palabras claves me parecen abren una ventana sobre las raíces de su camino. Desde y con los de abajo. Los pueblos –como comunidades donde cada uno/cada una es inviolable, y como sujetos colectivos de derecho, por ir más allá de ser meras víctimas de violaciones– para él siempre son el punto de partida, la categoría de referencia, el horizonte de llegada. Lo que expresa una coincidencia rara entre sus raíces en un evangelio liberador de los pobres y su marxismo como herramienta imprescindible para pensar que la dialéctica de la historia no puede ser objeto de fidelidad doctrinal, sino más bien una experiencia que necesita renovarse desde adentro de las situaciones concretas, para buscar colegiadamente salidas pertinentes. La obligatoria continuidad entre los principios de los derechos fundamentales, humanos y de los pueblos con las luchas contextualizadas por los derechos sociales, por el medio ambiente y por los bienes comunes. Esta es la imprescindible medida para averiguar, juzgar y confrontar la legitimidad de las instituciones y de las políticas, más allá de cualquier legalidad. En coincidencia con sus raíces de investigador social Houtart advierte la imposibilidad de observar para describir las realidades sin tener un proyecto de transformación que permita una participación y un compromiso compartido y compartible. Una identidad de servicio, que obliga a privilegiar, conocer directamente las periferias, vivirlas más allá de roles de solidaridad y del trabajo y el respaldo intelectual: Houtart escucha no sólo como un ejercicio de aprendizaje permanente sino también como un ejercicio de reconocimiento-restitución de la visibilidad, de palabra, de la dignidad de todas y todos las y los expulsadas/os. Pone en evidencia las trampas que ejercen todos los poderes que no garantizan los tiempos y las prácticas del diálogo y la legitimidad de las diversidades. El Ecuador de los últimos años ha sido para él un laboratorio muy desafiante en esa dirección. La sencillez, hasta la pobreza, en la vida de todos los días, a pesar de todos los títulos, reconocimientos y oportunidades de posiciones de liderazgo: como una garantía, una alegría y una práctica de una libertad de palabra y de crítica; sin temor y rechazo de los des-encuentros y sin cansarse de hacer visible la nostalgia, la necesidad, el sentido de la luchas para un futuro otro. *Italiano, doctor en medicina. Es especialista en políticas sanitarias. Desde su fundación en 1979, es secretario general del TPP. Dirige el Instituto de Investigaciones Farmacológicas Mario Negri Sud, que realiza investigaciones independientes en los principales sectores de la medicina y en políticas de medicamento Subir al inicio del texto François Houtart, las raíces de su camino Gianni Tognoni* Q uizás el resumen más eficaz del perfil de François Houtart, uno de los indiscutidos protagonistas de las luchas para la afirmación, la defensa, los caminos del derecho a una vida en la dignidad de los pueblos –de América Latina, aunque también de Asia y de África: desde los tiempos de la descolonización hasta el presente de una recolonización global– se encuentra en las palabras que abren el recuerdo de Frei Betto: François Houtart transvivenció el pasado 6 de junio en Ecuador. Tenía 92 años y el entusiasmo revolucionario de un joven de 20. Las etapas de su larga e intensísima vida son bien conocidas y accesibles en la red, no necesitan ser repetidas en los detalles. Protagonista de la traducción de la teología de la liberación en herramientas concretas para las comunidades marginalizadas, con un rol en la renovación doctrinal e institucional de la Iglesia en el Concilio Vaticano. Tuvo una actividad intensa desde su fundación en el Tribunal Permanente de los Pueblos hasta la sesión sobre las Trasnacionales en América Latina y la connivencia de la Unión Europea, o sobre el genocidio del pueblo Tamil. Fue fundador y actor siempre presente en la vida de los fórum mundiales de los pueblos; una presencia incansable, crítica y propositiva, con entusiasmo y sin ilusiones, en las historias de liberación, de constitucionalización, de resistencia, de experimentación política en Cuba, en Vietnam, Colombia, Ecuador, y en la imaginación de un socialismo postcapitalista para el siglo XXI. Sus publicaciones, sin número, directas y promovidas, documentan la riqueza y la creatividad de una inteligencia que se formó en una actividad académica metodológicamente innovadora. Las líneas que siguen son la memoria de un amigo y compañero que he acompañado muy de cerca desde los años setenta. Con agradecimiento, por la experiencia de haber compartido con él una muy coherente metodología del vivir mediante tantos escenarios, nunca fáciles; y con la alegría de un abrazo pocas semanas antes de su entrada en la vida de la memoria colectiva, en su pequeña habitación en la Casa del Indio en Quito, discutiendo de programas de trabajo con y para los pueblos originarios. Pocas palabras claves me parecen abren una ventana sobre las raíces de su camino. Desde y con los de abajo. Los pueblos –como comunidades donde cada uno/cada una es inviolable, y como sujetos colectivos de derecho, por ir más allá de ser meras víctimas de violaciones– para él siempre son el punto de partida, la categoría de referencia, el horizonte de llegada. Lo que expresa una coincidencia rara entre sus raíces en un evangelio liberador de los pobres y su marxismo como herramienta imprescindible para pensar que la dialéctica de la historia no puede ser objeto de fidelidad doctrinal, sino más bien una experiencia que necesita renovarse desde adentro de las situaciones concretas, para buscar colegiadamente salidas pertinentes. La obligatoria continuidad entre los principios de los derechos fundamentales, humanos y de los pueblos con las luchas contextualizadas por los derechos sociales, por el medio ambiente y por los bienes comunes. Esta es la imprescindible medida para averiguar, juzgar y confrontar la legitimidad de las instituciones y de las políticas, más allá de cualquier legalidad. En coincidencia con sus raíces de investigador social Houtart advierte la imposibilidad de observar para describir las realidades sin tener un proyecto de transformación que permita una participación y un compromiso compartido y compartible. Una identidad de servicio, que obliga a privilegiar, conocer directamente las periferias, vivirlas más allá de roles de solidaridad y del trabajo y el respaldo intelectual: Houtart escucha no sólo como un ejercicio de aprendizaje permanente sino también como un ejercicio de reconocimiento-restitución de la visibilidad, de palabra, de la dignidad de todas y todos las y los expulsadas/os. Pone en evidencia las trampas que ejercen todos los poderes que no garantizan los tiempos y las prácticas del diálogo y la legitimidad de las diversidades. El Ecuador de los últimos años ha sido para él un laboratorio muy desafiante en esa dirección. La sencillez, hasta la pobreza, en la vida de todos los días, a pesar de todos los títulos, reconocimientos y oportunidades de posiciones de liderazgo: como una garantía, una alegría y una práctica de una libertad de palabra y de crítica; sin temor y rechazo de los des-encuentros y sin cansarse de hacer visible la nostalgia, la necesidad, el sentido de la luchas para un futuro otro. *Italiano, doctor en medicina. Es especialista en políticas sanitarias. Desde su fundación en 1979, es secretario general del TPP. Dirige el Instituto de Investigaciones Farmacológicas Mario Negri Sud, que realiza investigaciones independientes en los principales sectores de la medicina y en políticas de medicamento Subir al inicio del texto

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