EL DELFÍN
Este es un espacio para la difusión de conocimientos sobre Ciencia Política que derivan de la Carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México.
jueves, 1 de diciembre de 2016
Astillero
Astillero
¡Apenas cuatro años de EPN!
43, Casa Blanca, Chapo, Trump
Lo peor, por venir
Yunes y Murat: desesperanza
Julio Hernández López
N
ada positivamente relevante ha hecho Enrique Peña Nieto en sus primeros cuatro años en Los Pinos. Rey Midas al revés, ha devaluado y descompuesto todo cuanto ha tocado (incluso aquello que, según sus cálculos, llegaría a constituir sus mejores referencias, como las tales reformas estratégicas). Con un tercio de su periodo de gobierno aún por cumplir, pareciera un político en las últimas, devastado en las encuestas de opinión, entrampado en temas de corrupción, impunidad e impericia, reprobado por instancias internacionales que aún a finales de 2014 creían ver en el mexiquense a un salvador de México y a su administración como creadora de un muy cacareado Mexico moment.
Resultaría masoquista elaborar al inicio del mes navideño una lista detallada de los fracasos y errores de la administración de Peña Nieto, quien ha tenido la congruente habilidad de hacerse acompañar de personajes de similar catadura negativa en el gabinete federal, con predominio (pensamiento político aldeano, de mafiosidad paisana) de funcionarios provenientes del estado de México y una marcada proclividad generalizada a aprovechar el erario para beneficios económicos particulares.
Hay, sin embargo, episodios que marcan negativamente el paso del Orgullo de Atlacomulco por la silla presidencial. El que empezó su declive fue Iguala, con la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa y una inicial negativa federal de enterarse de ese hecho terrible, pretendiendo endilgar responsabilidades, y encapsularlas allí, en los ámbitos estatales (con el perredista Ángel Aguirre Rivero como gobernador expiatorio) y municipales (con el también perredista José Luis Abarca como presidente municipal expiatorio). Peña Nieto siempre será recordado por la muy significativa reticencia para esclarecer esos hechos y por mantener el ámbito militar a salvo de indagaciones reales, como si el caso de los 43 entrañara secretos, complicidades o circunstancias que una razón de Estado o una razón de narcopolítica obligara a silenciar.
La Casa Blanca de las Lomas de Chapultepec constituyó, a su vez, la máxima demostración, documentada, del aprovechamiento de los cargos públicos para beneficios personales o familiares. La irrefutable evidencia de conflictos de intereses y tráfico de influencias no fue lo único grave, pues también resultó grotesco el proceso de control de daños que intentó Los Pinos, utilizando a un patiño, Virgilio Andrade, como lavador de imagen desde la Secretaría de la Función Pública, y terminando con una desastrosa petición pública de perdón por parte de Peña Nieto, a cuenta de las erróneas percepciones que hubiera generado el citado episodio inmobiliario-gubernamental.
Siempre recordable será, también, la fuga de Joaquín Guzmán Loera, apodado El Chapo, mientras el mexiquense y buena parte de su grupo central volaban a Francia. La corrupción generalizada de los órganos policiacos, de inteligencia y de gobernación quedó de manifiesto en las chapoaventuras tuneleras, con todo y que posteriormente fue reaprehendido el capo sinaloense y el gobierno federal festejó tal hecho como si fuera una victoria olímpica. En fechas recientes, las conciencias nacionales se cubrieron de oprobio con la alfombra roja tendida en Los Pinos para recibir al grandísimo ofensor de México, Donald Trump, a quien se ayudó escénicamente en momentos críticos, al permitirle usar a nuestro país y a su dirigente formal, EPN, como piezas manejables a su favor.
No parece, sin embargo, que la crisis nacional haya tocado fondo. Peña Nieto está empecinado en dar más poder a los militares (Ejército y Marina) y con ello tender un blindaje armado ante las previsibles turbulencias sociales que generarán los factores internos, como el recorte presupuestal 2017, y externos (la devolución trumpista de mexicanos sin estancia legal en Estados Unidos, además de las restricciones y renegociaciones en materia de comercio con ese país). Y, desde luego, la sucesión presidencial convoca a las élites a cerrar filas para impedir sobresaltos partidistas. Lo peor del peñismo puede estar en camino.
En Veracruz, la devastación institucional practicada salvajemente por un priísta, Javier Duarte de Ochoa, tendrá a partir de hoy un nuevo operador, el panista Miguel Ángel Yunes Linares, cuyo historial de apropiación de la riqueza pública, negocios privados y clientelismo electoral es parecido al del mencionado Duarte. El papá Yunes llega a la minigubernatura de Veracruz para desarrollar un espectáculo justiciero contra el antecesor JDO e ir preparando, en términos económicos y políticos, el camino para alguno de sus hijos cuando toque pelear la gubernatura de seis años.
En Oaxaca también hay espectáculo de ilusionismo: Alejandro Murat, hijo de uno de los gobernadores priístas que han hundido a la entidad, José Murat, toma el poder y se lanza contra el antecesor, Gabino Cué, quien ciertamente ejerció el mando de manera reprobable. Ha dicho el joven Murat que recibe un estado en condiciones de colapso, de catástrofe y, para actuar en consecuencia, decidió no realizar fiestas de celebración al instalarse en el gobierno oaxaqueño. Aquí, como en Veracruz, lo importante no será solamente lanzar acusaciones contra los políticos precedentes, sino documentar plenamente los hechos delictivos, presentar las denuncias correspondientes y presionar para que haya castigo.
De otra manera, Yunes y Murat, como El Bronco en Nuevo León, solamente harían alharaca efectista e irían dosificando el enojo popular hasta que, a la hora de sus respectivos relevos, se descubra que ellos cometieron similares saqueos y negocios, en una espiral de corrupción hasta ahora irrefrenable, tanto en quienes cumplen cuatro años en el poder federal como en quienes ahora lo dejan desde planos estatales (habiendo sido esperanzas de cambio) y quienes, con sus biografías como tempranos testigos de cargo, llegan (ya sin generar esperanza) a las gubernaturas. ¡Hasta mañana!
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Mexico SA
México SA
Economía inercial
Discurso desidioso
Deuda sobre deuda
Carlos Fernández-Vega
R
epetitivo hasta el fastidio, el discurso de la Secretaría de Hacienda (el de Meade y su séquito, que es el mismo de Videgaray, con un agregado femenino) una vez más se confronta con la realidad, y ésta, como siempre, resulta no sólo cruel, sino ganadora, con todo y que Trump apenas aceita la escopeta.
Hasta la coronilla están los mexicanos de escuchar a los apanicados genios de Hacienda repetir aquello de los fundamentos macroeconómicos sólidos, la deuda relativamente baja, las robustas reservas internacionales complementadas por la línea de crédito del FMI, el paquete económico responsable y tantas otras muletillas que no convencen a nadie, comenzando por la realidad. Todo perfecto, cacarea la versión oficial, mientras los habitantes de esta República de discursos ya no sienten lo duro sino lo tupido.
El horno no está para bollos, pero a los panaderos gubernamentales no les importa, mientras la inercia es lo que caracteriza a la economía nacional, como bien lo apunta el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), quien advierte que el marco mundial es de tiempos líquidos y México no puede volver a esperar los estímulos externos para tomar el rumbo de su propio destino. De su más reciente análisis se toman los siguientes pasajes. Va, pues.
El crecimiento económico de México mantiene los resultados de la inercia de los últimos años. El producto interno bruto (PIB) del tercer trimestre de 2016 reportó un incremento de 2 por ciento, conlo que el acumulado en lo que va del año fue de 2.3 por ciento. Este resultado es inferior al registro alcanzado durante el mismo periodo del año anterior, cuando fue de 2.4 en la tasa anual y de 2.6 en el acumulado. Con ello se restringe la posibilidad de alcanzar la expectativa máxima de crecimiento para el cierre del año de 2.6 por ciento, fijada por la Secretaría de Hacienda.
El escenario de crecimiento económico del país se da en un contexto donde el sector externo ha debilitado su desempeño, reduciendo significativamente las exportaciones: una caída de 4.4 por ciento durante octubre del presente año frente al mismo mes del año anterior y una dismi nución acumulada anual de 3.8 por ciento entre enero y octubre de 2016; cuando lo delicado es que esta disminución corresponde al sector de exportaciones no petroleras que muestra una variación negativa acumulada de 2.4 por ciento en el mismo periodo, donde las manufacturas presentaron una caída de 2.9, la industria automotriz de 3.1 y el resto no automotriz de 2.7. Con lo cual el sector externo no ha sido una alternativa de mayor crecimiento para el país.
En el contexto interno, si bien el Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior muestra resultados favorables, con una variación anual acumulada de 3.5 por ciento entre enero y agosto del presente año, se ha dado un escaso avance en términos de inversión con un acumulado en el mismo periodo de 0.1 por ciento anual, donde el sector de la construcción mostró un retroceso de menos 0.1 por ciento, mientras que maquinaria y equipo sólo se incrementó 0.4.
A partir de lo anterior, aunado al escenario de volatilidad e incertidumbre internacional que ha implicado una devaluación de la moneda mexicana, así como la decisión de incrementar la tasa de interés de referencia por el Banco de México, se tiene una menor perspectiva de crecimiento para el siguiente año derivado del menor gasto gubernamental presupuestado para el siguiente año, así como la amenaza que representa la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
En este sentido, el contexto económico se complica y limita las posibilidades de que en 2017 se logre romper la inercia de crecimiento de más de tres décadas de estancamiento económico, con tasas de crecimiento que no superan el promedio de 2.5 por ciento.
México necesita definir un proyecto nacional propio de desarrollo. El resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos ha dado un ultimátum a los acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al Tratado de Asociación Transpacífico (ATP) y el Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones. Esto obliga a México a tomar decisiones rápidas y aprovechar oportunidades para desarrollar políticas a favor de su mercado interno para generar procesos de valor que pueda aportar en esta coyuntura económica.
El país requiere de un marco de políticas industriales orientadas a elevar los índices de competitividad industrial, contar con una manufactura sólida, innovadora y productiva; sustituir de manera competitiva las importaciones, así como fortalecer sectores y regiones en torno a una estrategia integral de desarrollo. El marco mundial es de tiempos líquidos y México no puede volver a esperar los estímulos externos para tomar el rumbo de su propio destino.
Además, el entorno global complica que se alcancen las expectativas de crecimiento. Durante septiembre de 2016 la variación anual del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) fue de 1.6 por ciento, mientras que la acumulada alcanzó 2.2. Con estos resultados, sólo el ciclo económico total y el terciario mostraron un desempeño positivo, ya que el correspondiente al primario detuvo su ritmo de avance, aun cuando el crecimiento fue positivo, mientras que el ciclo de las actividades secundarias permanece a la baja.
El segundo sector de mayor crecimiento corresponde a la parte terciaria con 3.2 por ciento, un crecimiento por debajo de 4.2 durante septiembre de 2015, lo que muestra un avance inercial y con menor dinamismo del sector. En tanto que las actividades secundarias mostraron un retroceso de 1.3 por ciento anual en septiembre, la tercera cifra negativa en el año y con lo cual pierde el avance generado durante el mismo mes de 2015. Con ello se evidencia que la debilidad de la economía se profundiza sobre todo el sector productivo de la industria. La industria nacional continúa evidenciando su debilidad estructural.
Las rebanadas del pastel
Del mágico discurso oficial a la triste cuan tétrica realidad: Peña Nieto y Videgaray prometieron no endeudar más al país durante 2016, pero la propia información de la Secretaría de Hacienda revela que de enero a octubre del presente año el gobierno federal registró un endeudamiento diario de mil 443 millones de pesos, con lo que la contratación acumulada de deuda interna y externa del gobierno federal en el periodo ascendió a 433 mil millones de pesos… Y el dólar se mantiene en 21 pesos.
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Dinero
Dinero
Sube el petróleo; también aumentará la gasolina
Rebasó la deuda 9 billones de pesos
Falleció el creador de la Big Mac
Enrique Galván Ochoa
U
na noticia buena: los países productores de petróleo agrupados en la OPEP acordaron en Viena el primer recorte a la producción desde el año 2008. Es de 1.2 millones de barriles diarios. La producción mundial estimada para este año será de 96 millones; el ajuste no es espectacular, pero aun así el precio se disparó inmediatamente. El de Pemex se ubicó en $40.94. El acuerdo tendría que ser digno de celebrarse. Sin embargo, hay una mala noticia: repercutirá negativamente en el bolsillo de los automovilistas mexicanos, ya que el próximo mes será liberado el precio de la gasolina y costará más con un petróleo más caro. Algunos analistas prevén que la Magna alcanzará hasta 15.30 y 16.50 la Premium.
Defendiendo al minipeso
¿Saben quiénes están librando una batalla en favor del peso? Los trabajadores. Sus ahorros en las Afores son utilizados para comprar Cetes y otros bonos gubernamentales. De ese modo se equilibra, en alguna medida, la salida de capitales extranjeros. Noviembre fue el peor mes del año para nuestra moneda. Ayer el dólar volvió a cotizarse arriba de 21 pesos. La firma japonesa Nomura dijo ayer a Reuters que la ola de venta de bonos denominados en pesos mexicanos podría acelerarse si el próximo gobierno de Estados Unidos implementa políticas comerciales proteccionistas. La casa de análisis japonesa apuntó en una nota a clientes que los datos muestran que fondos extranjeros han estado vendiendo papeles en moneda local desde la inesperada victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre. Aunque participantes locales, como fondos de pensiones, están adquiriendo deuda doméstica a largo plazo, probablemente no podrán mantener el ritmo de los inversores extranjeros, que tienen casi cuatro veces más bonos en pesos, dijo Nomura.
La deuda gubernamental
El presidente Zedillo heredó a Vicente Fox una deuda pública menor a un billón de pesos. De acuerdo con un reporte que emitió ayer Hacienda, al mes de octubre anterior ya es de 9 billones 66 mil millones. Para las personas a quienes gusta llevar la estadística, el dato es interesante: en octubre de 2016 la deuda rebasó 9 billones. Vicente Fox y Felipe Calderón la hicieron crecer. Peña Nieto la recibió en 5 billones aproximadamente, es decir, le ha sumado un billón cada año. Haciendo un desglose, la deuda interna es de 5.8 billones y la externa de 3.2. Inexorablemente, el próximo presidente de la República recibirá la factura en 10 billones de pesos. Y ya sin petróleo ni gas. A ver si no se les ocurre pagar con las penínsulas: Baja California o Yucatán. Dato curioso: a ningún presidente se la ha ocurrido auditar la cuenta.
Murió el creador de la Big Mac
Michael Jim Delligatti, creador de la Big Mac, ha muerto. Tenía 98 años. La portavoz de McDonald, Kerry Ford, confirmó la noticia de la pérdida del inventor de su hamburguesa estrella desde hace 50 años. Delligatti tenía su franquicia en Uniontown, Pensilvania, cuando inventó la emblemática hamburguesa con dos raciones de carne, salsa especial, lechuga, queso, pepinos y cebollas en un pan con semillas de sésamo. Por cierto, la revista The Economist tomó el nombre de Big Mac para un popular método para calcular el poder de compra –y la devaluación– de las monedas del mundo.
Ombudsman social
Asunto: las despedidas
A ver Calderón: a Fidel lo puedes tildar de dictador, populista y lo que gustes. ¿Pero cómo es posible que a este dictador lo despidan jefes de Estado, la Plaza de la Revolución se llene de cubanos, haya duelo nacional en otros países, se manden condolencias, las representaciones de Cuba estén llenas de ramos de flores? Caray, que yo sepa no se despide así a los dictadores. Esperemos que así despidan a los últimos presidentes de México y cuando menos prendan la Estela de luz.
R: El último presidente que falleció no fue despedido con un homenaje popular. Muchas personas aún recuerdan que fue el mayor devaluador de la historia de México.
Twitteratti
Buen día, a ver muchachos: ¿escuché bien? El Issste está subrogando servicios a bajo costo, dijo su director. ¿Entonces se privatiza?
Roberto Martínez @pparroso
¿Alguien sabe si Peña Nieto se llevó a Cuba a Rosario Robles y Carlos Ahumada? Es para una tarea.
@JoseLuisRios
Que la PGR le pida ayuda a Interjet, que en 24 horas encontró al perro perdido. A ver si encuentran al animal de Javier Duarte.
El Gudi @alexgudinom
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Y tras tres semnas...
Y, tras tres semanas...
Jorge Eduardo Navarrete
Q
uizá para muchos resulte inconcebible que al 29 de noviembre, tres semanas cabales después de la jornada electoral en Estados Unidos, aún no haya concluido el conteo de los votos. Salvo los más ineptos, la mayoría de los sistemas electorales se las ingenia para, salvo catástrofe, concluir los cómputos en unos cuantos días. Pasadas tres semanas, la delantera de Hillary Clinton en el voto popular –que en un principio se cifró en cerca de 800 mil sufragios (véase El día y los siguientes, La Jornada, 17/11/16)– llegaba ya a 2.24 millones y seguía aumentando, como informó el Times de Nueva York. Ésta, la mayor ventaja de que se tenga memoria para un candidato perdedor, no sorprende habida cuenta del peculiar estilo estadunidense de elegir presidente y es asunto que, tras siglos de vigencia, no suscita grandes emociones, excepto cuando las provoca, como en 2000 y, de nuevo, ahora. También inquieta, y mucho, a Donald Trump. Según el resumen de la transición que el NYT difunde diariamente, Trump dedicó el feriado de acción de gracias a desatar una tormenta de tuits, que más adelante se reproduce en parte. Aludió en ellos al recuento de votos que se realizará en días próximos en el estado de Wisconsin y a los que se han planteado en Michigan y Pensilvania. Este recuento se ha convertido en el tema central de la transición tres semanas después de los comicios, junto con las vicisitudes del controvertido proceso de designación de los colaboradores inmediatos del futuro presidente.
Como para tantas otras cosas en el peculiar sistema electoral estadunidense, no hay reglas fijas o generales aplicables al recuento de votos. Donde está estatuido, puede ser obligatorio o voluntario y suele efectuarse –siempre a petición de parte– cuando la diferencia en el cómputo es menor a un margen porcentual o a cierto número absoluto de votos. El objetivo del recuento es detectar votos irregulares, errores en el conteo u otras anomalías. Si el recuento es obligado, lo financia la autoridad correspondiente; si es voluntario debe solventarlo el solicitante. Esto es lo que va a ocurrir en Wisconsin.
El 25 de noviembre, la Comisión Electoral de Wisconsin anunció oficialmente que efectuaría un recuento total de la votación presidencial en el estado a petición de dos candidatos: Jill Stein, del Partido Verde, y un independiente. Stein promueve recuentos, además, en Michigan y Pensilvania. Tras algunos titubeos, el equipo de campaña de Clinton declaró, el mismo día, que participaría en el recuento de Wisconsin y, en caso de llevarse adelante, en los otros dos. Recordó que en la campaña electoral habían menudeado las denuncias de posibles interferencias en los procedimientos cibernéticos de captación y recuento de los votos, incluso por parte de gobiernos extranjeros, siendo conveniente asegurarse de que, de haber en efecto ocurrido, no habían afectado los resultados. A pesar de haber sido el candidato que más acudió a las denuncias de fraude electoral, que repitió incansablemente por semanas, y de hablar ahora de millones de votantes ilegales, Trump considera los recuentos una pérdida de tiempo y de recursos y los denuncia de manera airada. En general, muy diversos comentaristas –entre ellos Amy Davidson, de The New Yorke r– coinciden en considerarlos, si no negativos, al menos inútiles y distractores.
Veamos algunos de los tuits de Trump del 26 y 27 de noviembre, tomados del NYT: “4:31 pm. La estafa del Partido Verde para llenar sus cofres solicitando recuentos imposibles es ahora respaldada por los abiertamente derrotados y desmoralizados demócratas. 9:59 pm. Los demócratas, cuando equivocadamente pensaron que iban a ganar, pidieron que los cómputos de la noche de la elección fueran aceptados. ¡Ahora ya no! 27 Nov 2:30 pm. Además de ganar de calle el Colegio Electoral, yo gané el voto popular si se deducen los millones de personas que votaron ilegalmente. 6:31 pm. Serios fraudes de voto en Virginia, Nueva Hampshire y California –¿Por qué no lo informan los medios? ¡Nula imparcialidad– gran problema!” Queda de relieve la ligereza con que Trump maneja la verdad y la facilidad con que se apoya en hechos falsos. Al decir que ganó el voto popular se basa en fake news difundidas el día de los comicios por su propia campaña, que denunció una invasión de las casillas por masas de votantes ilegales. Sin duda le parece anormal, escribe Amy Davidson, que votantes no blancos acudan a las urnas.
Los números divulgados hasta ahora, por el 2016 National Popular Vote Tracker (cookpolitical.com), en los tres estados en que se ha solicitado recuento son los siguientes:
Es desde luego improbable en extremo que los recuentos conduzcan a una revisión de los resultados de magnitud suficiente para que Clinton alcance la victoria en los tres estados en cuestión. De ser así, aumentaría su margen de ventaja en el voto popular –con el valor político simbólico que entraña–, pero los votos electorales adicionales que le corresponderían serían insuficientes para borrar la ventaja que Trump detenta.
Se ha discutido el rol que pueden jugar, el 19 de diciembre, los 538 electores que ahora integran el colegio. En archives.gov se encuentra información clara y sucinta sobre esta desconcertante institución, establecida, según un comentarista, para potenciar el poder político de los propietarios de esclavos en los pequeños estados sureños vis-à-vis los votantes de los más poblados estados del noreste. Este es otro asunto para el que no hay reglas generales: los electores son elegidos, por lo general, por el partido político del candidato, pero las leyes varían respecto de la forma en que selecciona a los electores y de las responsabilidades que les competen. Además, no existe provisión constitucional o ley federal que requiera que los electores voten de acuerdo con el resultado de la votación popular en sus estados.
A fin de cuentas, quizá lo mejor que pueda desprenderse del penoso episodio electoral vivido en 2016 en Estados Unidos sea una presión social irresistible para abandonar la elección indirecta, que en ocasiones arroja tan aberrantes resultados.
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Mi experiencia en Cuba
Mi experiencia en Cuba
Octavio Rodríguez Araujo
S
é que la memoria le pone a uno varias zancadillas, pero intentaré una breve narración de mi experiencia en Cuba.
La historia comienza con Mario Menéndez Rodríguez (MMR). Siendo director de la revista ¿Por qué? fue apresado en México y su imprenta destruida. Cuando Genaro Vázquez, en noviembre de 1971, secuestró al rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (Jaime Castrejón), pidió a cambio la excarcelación de varios presos políticos, entre ellos MMR. Éste fue liberado y se exilió en Cuba, donde era ampliamente conocido, entre otras razones por haber sido el primer latinoamericano que entrevistó a Fidel Castro. El periodista mexicano vivió allá alrededor de nueve años y hasta fue condecorado.
A su regreso a México MMR fundó Por Esto!, otra revista de semejante formato a su predecesora (ahora es periódico en Yucatán y Campeche). En ella me abrió un espacio, a pesar de la oposición de Gascón Mercado, porque se me consideraba trotskista. Mario no cedió y le dijo que si yo no objetaba que él (Gascón) escribiera en la revista no había razón para que yo dejara de hacerlo. Pasó el tiempo y un día le dije a Mario que bien me merecía algún pago por mis artículos. Conversamos y me propuso un viaje a Cuba y que él haría las gestiones para que se me dieran facilidades durante mi estancia allá.
Me recibieron miembros de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), que son una parte importante de las organizaciones del gobierno cubano encargadas principalmente de la vigilancia de posibles enemigos de la revolución. Fui hospedado en un modesto hotel: el Saint John’s de La Habana en cuyo último piso estaba el llamado Rincón del Feeling (filing para los cubanos). En mi estancia conocí a algunos trabajadores de orientación trotskista, gracias a algunas direcciones que me dieron en México. Ellos me leían en la revista Por Esto!, en mi percepción la única del mundo capitalista que circulaba en Cuba. Tuve largas conversaciones con ellos y me contaron algo que me pareció muy importante: que habían sido presos políticos, precisamente por ser críticos trotskistas de Fidel, pero que siete o más años después fueron excarcelados al demostrarse que varias de sus demandas habían sido atendidas por el régimen. Por esos cambios en las políticas del gobierno fue que ellos se volvieron fidelistas y al serlo no tenía sentido que continuaran presos. Ahí estaban, en La Habana Vieja, viviendo en modestísimos departamentos, pero libres. Si los del CDR supieron de mi visita a esos viejos trotskistas, no lo sé, pero tampoco me dijeron nada. De hecho me hice amigo de algunos que, confieso, a pesar de pertenecer a los CDR me cambiaban pesos cubanos por dólares. Había mercado negro de divisas, no puede negarse.
Mis amigos de los CDR me llevaron a una playa para cubanos, creo que se llamaba Santa María, porque los cubanos no tenían acceso a las de lujo, para turistas, como Varadero, salvo como meseros o músicos. Con tristeza, debo decirlo, pude comprobar esa discriminación yendo yo mismo a Varadero, como turista. Conocí, invitado por funcionarios de gobierno El Floridita, donde iba con frecuencia Hemingway. El famoso escritor decía, con razón, Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita, y yo agregaría que en este último vendían unas langostas verdaderamente suculentas pero no precisamente baratas. Precios diferentes para bolsillos diferentes, lo cual me hizo dudar de la autenticidad del socialismo que se estaba construyendo. Corría entonces, como se dice en las novelas, el año 1982.
El antitrotskismo era más bien oficial. Fidel no fue trotskista, nunca, ni de joven. En una carta citada por Mencia en La prisión fecunda (La Habana, Editora Política, 1980), Fidel le escribió al censor del penal que le permitieran leer uno de los libros decomisados, el Stalin de Trotski, ya que no era una defensa de Stalin, ni tampoco un estudio crítico imparcial de ese personaje sino “un libro escrito contra Stalin por [su más] irreconciliable enemigo, no una defensa, sino un ataque implacable contra él. Como ve usted –añadió– el motivo que pudo pensarse para decomisarlo [por su título] no existe”. Más adelante, ya en el poder el antitrotskismo continuó, sobre todo a partir de la salida del Che Guevara a África. En esos años (1965-1966) se especuló en diversos medios, dentro y fuera de Cuba, que el Che estaba preso en la isla y hasta llegó a decirse había sido asesinado. Estos despropósitos no fueron de los trotskistas sino de los posadistas (seguidores del argentino J. Posadas) que había sido expulsado de la cuarta Internacional (no doy nombres para no quemarlos). Tales especulaciones, obviamente, tenían que incomodar a Fidel Castro y a su gobierno, por falaces. De ahí que el antitrotskismo se recrudeciera, pero con los años cambió, como ya lo he mencionado a raíz de mi única visita a La Habana. Nadie, debo decirlo, objetó mi estancia en ese país. Sin embargo, y gracias a una entrevista con el famoso historiador Julio Le Riverend, entonces director de la Biblioteca Nacional de Cuba (para quien llevaba un fraternal saludo de Pablo González Casanova), pude conocer la enorme biblioteca y escarbar en sus ficheros. En éstos noté que había unas cuantas obras de Ernest Mandel y una mía, pero no de Trotski. Julio me dijo que sí existían pero que estaban en la sección exclusiva para investigadores. Bueno, no había veto al trotskismo, no total.
Muchos años después (en 2005), tuve el honor de recibir en casa a Celia Hart Santamaría, quien había dictado, para sorpresa de muchos, una conferencia en el Museo Trotski de la Ciudad de México. Celia fue una cubana simpatizante abierta del trotskismo y, lamentablemente, murió en un accidente automovilístico a los 46 años, tres años después de nuestra comida. Celia, para quien no la recuerde, era hija de la histórica guerrillera cubana Haydée Santamaría y de Armando Hart. Ambos fueron dirigentes del Movimiento 26 de Julio. Santamaría fue también directora de la Casa de las Américas hasta su muerte en 1980 y Hart fue ministro de Educación y luego de Cultura hasta 1997.
Supe por Celia que en esos años el trotskismo ya no era visto como una desviación ideológica contrarrevolucionaria en Cuba, es decir ya no había antitrotskismo, pese al enorme peso que tuvo en ese país el estalinismo soviético mientras éste tuvo vigencia. Los regímenes revolucionarios cambian, por lo común poco a poco, y sólo se esperan mayores libertades, menos discriminación y el fin del criminal bloqueo estadunidense que tanto ha lesionado a los cubanos.
rodriguezaraujo.unam.mx
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Fidel es ya millones
Fidel es ya millones
Ángel Guerra Cabrera
E
s la conclusión a que llega quien conozca Cuba y la materia prima de que están hechos su pueblo, sus hermanos latino-caribeños y los de todo el mundo. Fidel se ausenta físicamente para multiplicarse en las dolidas y fervorosas multitudes de niños y jóvenes, de hombres y mujeres cubanos de todas las edades, que la noche del martes proclaman ¡yo soy Fidel! en la Plaza de la Revolución y en todos los rincones de Cuba. Pero igual podían haber sido venezolanos, bolivianos, ecuatorianos, argentinos, brasileños, nicaragüenses, salvadoreños, mexicanos, caribeños.
Contrariamente a lo que han escrito algunos, las recientes derrotas de gobiernos populares están lejos de significar que se acabe el proceso nuestroamericano iniciado con el ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela. Al contrario, hoy aprende de sus errores, acumula fuerzas y en los combates de nuestros pueblos se fortalece el proyecto de unidad e integración regional, que siguiendo el camino trazado por Bolívar y Martí, impulsaron Fidel, Chávez y la hornada de líderes de la región llegados a los gobiernos con propuestas posneoliberales después de 1999. Pese a reveses momentáneos, esa ola histórica llegó para quedarse. El mejor ejemplo está en Brasil y Argentina, donde el terrorismo mediático y la represión no puede detener las protestas populares.
Es como un caracazo multiplicado exponencialmente. Pues si miramos no sólo a nuestra parte del mundo, sino a Estados Unidos y a otros países de todos los continentes, apreciamos que se acumulan energías y combustible revolucionarios y cada vez más los neoliberales, anestesiados, no saben cómo lidiar con las nuevas demandas populares mientras sus aparatos represivos no dan abasto para ahogar la rebelión social.
Fidel predijo en su momento que como respuesta a las políticas neoliberales nadie debía extrañarse de que estallaran nuevas revoluciones –además de los procesos de cambios ya en marcha en América Latina y el Caribe– y es lo que estamos viendo. Son las revoluciones de siglo XXI con nuevas formas y renovados contenidos aunque mantengan el apego a las heroicas tradiciones de que son herederas. Están en marcha y a veces ni nos damos cuenta.
El diverso y plural sujeto social y político que las protagoniza es muy diferente al proletariado industrial que Marx desentrañara, aunque su esencia no cambie. Fue delineado por Fidel en La Historia me absolverá y en la Segunda Declaración de La Habana. En esta ya se vaticinaba el protagonismo político que estaban llamados a alcanzar los pueblos indios.
Y es que Fidel vio muy temprano las potencialidades revolucionarias de las masas de campesinos sin tierra, de maestros sin aula, de desempleados, de grandes sectores marginados y pauperizados que crecen sin cesar en lo que antes llamábamos tercer mundo. Como también de esa parte de él empeñada en luchas de liberación nacional hasta muy entrado el siglo XX. A ellos entregó toda la solidaridad y fecundas iniciativas.
Por eso era natural que fueran a rendirle tributo con vibrantes discursos líderes africanos, asiáticos, europeos, árabes y latino-caribeños cuyos pueblos hicieron suyo al comandante en jefe de la revolución cubana. Los líderes de Suráfrica y Namibia para dejar constancia de que si terminó el apartheid y se liberó África austral fue, en gran medida por la aplastante derrota infligida por tropas cubanas al ejército del régimen de Pretoria. Y, por supuesto, la jefa del parlamento de Vietnam, que agradeció a Fidel su solidaridad, simbolizada con la sentencia de que, por Vietnam, Cuba estaba dispuesta a dar su propia sangre. Queridos por los cubanos, Correa, Evo, Maduro y Ortega fueron ovacionados. Enrique Peña Nieto reiteró inequívoamente la amistad de México con Cuba. De particular importancia fueron los cálidos discursos de Li Yuanchao, vicepresidente de China, y de Viachesalav Volodin, presidente de la Duma de Rusia, cuando vuelven a proferirse bravuconadas y amenazas a Cuba desde el norte revuelto y brutal que nos desprecia.
Los restos de Fidel partieron hoy desde La Habana en exacto sentido inverso a la ruta recorrida por él entre el 2 y el 8 de enero de 1959, aclamado por el pueblo a raíz de la histórica victoria revolucionara del primero de enero. En todas partes reciben el cariño de un pueblo que lo considera su padre. El lunes 5 serán inhumados, no podía ser de otra manera, junto al sitio donde reposan los de su maestro José Martí. Dos gigantes que no han muerto porque cumplieron bien la obra de la vida.
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Certidumbre y necesidad
Certidumbre y necesidad
Orlando Delgado Selley
E
s cierto que el país requiere certidumbre. Pero cuando cambian las circunstancias y se prevé enfrentar desafíos no considerados, es necesario corregir lo planeado. La elección de Trump ha modificado drásticamente las expectativas mediatas y, más aún, las inmediatas. A nivel global los riesgos de que vivamos tiempos recesivos se han incrementado. Para México las primeras medidas que ha anunciado el próximo presidente de Estados Unidos indudablemente afectarán las principales variables económicas con las que se hizo la planeación presupuestal. Los flujos de inversión extranjera que llegarían a México se han detenido y, en algunos casos, sabemos que se han redirigido. La inversión nacional también se ha paralizado.
En virtud del desempeño de la industria estadunidense, las exportaciones mexicanas dirigidas a ese país perdieron dinamismo. Con lo que Trump ha declarado que hará, enfrentaremos un deterioro creciente en este frente. La expulsión de migrantes mexicanos detendrá inmediatamente el envío de remesas, al tiempo que se genera un problema interno para ubicarles en un trabajo mínimamente digno. De modo que, por estas tres vías, el ingreso de dólares a la economía nacional se reducirá rápida y significativamente. Además todo indica que el peso seguira perdiendo valor frente al dólar. La organización económica que se creó con la firma del TLC implica que el sector externo es el motor fundamental. En las nuevas condiciones la economía recibirá un fuerte golpe.
Este muy probable escenario no estaba previsto cuando se hizo la propuesta de presupuesto para 2017. Las metas planteadas en ese documento, consecuentemente, tendrían que modificarse. Insistir en que lo principal en 2017 es obtener un superávit primario de 0.4 por ciento del PIB es una insensatez. Decir que el marco tributario es adecuado pudiera satisfacer demandas de cierto sector, pero dificulta el manejo de las finanzas públicas en un entorno de disminución de ingresos. La situación exige que quienes están al frente de la administración pública le propongan al país un conjunto de acciones realistas que permitan aminorar los impactos de un trumpismo que complica la situación de una economía global en condiciones de estancamiento.
Estas acciones debieran pensarse como un plan para afrontar un desastre natural de proporciones importantes. Se trata de determinar lo que hay que hacer para estar en condiciones de amortiguar las decisiones del gobierno de Trump. Seguir con el planteo de que con las reformas estructurales conseguiremos una economía competitiva y que en el mediano y largo plazos podremos ver resultados en el bienestar social, no convence a nadie de la conveniencia de invertir en México. Requerimos una propuesta de política económica que aproveche la existencia de márgenes de maniobra significativos para modificar el funcionamiento gubernamental. En efecto, tras años de enfocarnos en el equilibrio peresupuestal hay espacio para expandir el gasto público, enfatizando en la protección de quienes se verán más afectados. Incrementar los salarios mínimos 25 por ciento el próximo año sería una medida útil.
Haría falta, además, aprovechar la discusión que ocurre en la Ciudad de México en torno al ingreso ciudadano universal. Está planteado que la Constitución de la Ciudad reconozca el derecho de los habitantes a que el gobierno les garantice un ingreso mínimo universal. Incluirlo en la Carta Magna de la Ciudad de México obligaría a una reflexión nacional que, fundamentada en los acuerdos que se logren, se generalice en el país. Muchos asuntos podrán argumentarse en contra, pero habiendo sido reconocido a nivel constitucional su pertinencia y necesidad será posible su aplicación. La pensión universal a los adultos mayores establecida en la Ciudad de México en 2001 se ha generalizado en el país y no se dicute su viabilidad.
Es cierto que son momentos para que haya unidad nacional. Pero no será posible si solamente se la convoca instalados en una retórica nacional. Hace falta construirla en torno a un programa en el que las acciones se conviertan en razones para trabajar en resistir y aprovechar las difíciles condiciones para que en nuestro país haya desarrollo, es decir, crecimiento económico y bienestar social.
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