Pemex: la lógica del saqueo
El director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), Octavio Romero Oropeza, realizó ayer un recuento de las medidas adoptadas por esa empresa del Estado para revertir los negocios, contratos y ventas de plantas realizados al amparo de la reforma energética del sexenio pasado y que han derivado en gravísimos daños al patrimonio nacional. En la conferencia presidencial de la mañana, el funcionario dio a conocer que Pemex recomprará dos plantas de hidrógeno que fueron vendidas a particulares (desincorporadas
, solía ser el eufemismo tecnocrático) a pesar de que eran necesarias para la operación de la empresa.
Asimismo, Romero Oropeza recordó contratos como el firmado con el corporativo Braskem-Idesa, que obligaba a Pemex a entregar 66 mil barriles diarios de etanol 30 por ciento por debajo del precio internacional, a absorber los costos del transporte y con una cláusula de etanol de 200 por ciento sobre las cotizaciones circunstanciales de ese insumo. Como consecuencia, en muchas ocasiones la petrolera nacional tuvo que adquirir etanol a precio de mercado para surtirlo al contratista con una evidente pérdida.
Otro ejemplo del saqueo a Pemex perpetrado durante sexenios anteriores es el de Agronitrogenados y Fertinal, cuyas plantas fueron compradas a particulares, la primera en ruinas y la segunda, mediante un complejo esquema de lavado de dinero en el que estuvo involucrada la corporación Odebrecht, tristemente célebre por haber corrompido a funcionarios en más de una decena de países como parte de su modo habitual de operar. Ambas fueron adquiridas a precios mucho más altos que el de su valor real.
Esos y otros negocios turbios permiten entender la verdadera naturaleza de la reforma energética peñista consumada bajo el paraguas político del llamado Pacto por México, en el que participaron los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional y de la Revolución Democrática: aunque se prometió que las privatizaciones derivadas de esa modificación constitucional darían un impulso a la producción de petróleo por parte de agentes privados, el verdadero negocio consistió en devastar el patrimonio de Pemex. En lo que se refiere al crudo, cinco años después de realizada la reforma, las empresas particulares apenas aportaban 50 mil barriles diarios a una producción de un millón 670 mil barriles; es decir, algo así como 4 por ciento de lo extraído por la empresa del Estado.
La privatización energética promovida por administraciones anteriores aún cuenta con voces defensoras, por más que los hechos aquí referidos ponen de manifiesto la naturaleza depredadora y en muchos casos delictuosa de los negocios realizados al amparo de la reforma energética. Es inevitable concluir que las resistencias a eliminar tales negocios se originan en los intereses inconfesables que desearían seguir haciendo dinero fácil a expensas del erario. La jornada
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