La pandemia y sus usos políticos
n el contexto del Día Internacional de la Enfermera, el presidente Andrés Manuel López Obrador entregó reconocimientos a seis representantes de esta profesión, a quienes agradeció a nombre del gobierno y del pueblo mexicanos su inestimable labor en la lucha contra el Covid-19. El mandatario también reconoció a los profesionales de la salud por no ceder al canto de las sirenas
para politizar la respuesta a la pandemia ante las dificultades iniciales para proveer a todo el personal hospitalario de los insumos necesarios, sobre todo en lo tocante a materiales de protección personal. Al respecto, López Obrador recordó que no sólo en México, sino en el mundo, se utilizó la pandemia con fines políticos y electorales. Mucho amarillismo, mucha desinformación y muchas acusaciones a la autoridad
.
En efecto, más allá de las campañas de mentiras, desinformación y verdades a medias (infodemia) procedente de medios, voces y organizaciones opositoras de México, en todo el mundo la emergencia sanitaria dio pie a fenómenos de manipulación y desinformación con los más diversos fines. En un extremo, las derechas española y argentina reprodujeron la actitud de la mexicana con el despliegue de una irresponsable estrategia de boicot a los esfuerzos oficiales para contener la propagación del coronavirus, en la cual se incluyó el uso de los tribunales para echar abajo las medidas de distanciamiento social. Por su parte, las derechas estadunidense y brasileña hicieron de la indolencia y la negación una suerte de signo de identidad entre sus simpatizantes, un desafío al sentido común que dio al traste con los sistemas de salud de sus países hasta llevarlos a convertirse en las mayores víctimas del Covid-19. Aunque este abierto desprecio por la vida humana fue decisivo en la derrota electoral de Donald Trump en noviembre del año pasado, Jair Bolsonaro sigue al frente de los destinos de Brasil, donde los estragos de la pandemia están lejos de amainar.
Junto a estos usos desde la clase política en el poder o aspirante a recuperarlo, se ha dado un resurgimiento de grupos conspiracionistas, y en particular de quienes, movidos por la ignorancia, intereses inconfesables o una combinación de ambos, se oponen a la aplicación de las vacunas e incluso a su desarrollo, estos últimos con argumentos tan absurdos como el de que las inmunizaciones son elaboradas con fetos humanos. Finalmente, la desconfianza apriorística y sistemática a las autoridades que es el sustrato de ideologías de muy diverso signo, aunada a la desesperación ante un confinamiento prolongado más allá de las predicciones más pesimistas, llevó a millones de ciudadanos en todo el mundo a concebir la pandemia como una suerte de conspiración gubernamental para el control social, y a ponerse y poner a otros en peligro ignorando las restricciones sanitarias.
Por supuesto, la mayoría, si no todas las respuestas oficiales a la pandemia han mostrado diversas falencias y, como señala la Organización Mundial de la Salud en un informe tan crítico como autocrítico divulgado ayer, una reacción más temprana y mejor coordinada pudo haber reducido de manera sensible los daños ocasionados por el virus SARS-CoV-2. Con todo, al evaluar a autoridades y a los propios ciudadanos debe recordarse que las generaciones vivas nunca habían experimentado un fenómeno de esta naturaleza, por lo que nadie pudo prever la magnitud, la intensidad y la virulencia con que el patógeno se dispersó por el mundo y se instaló en los cuerpos de, hasta ayer, 160 millones de personas.
En suma, una lección insoslayable de la pandemia es que no se debe subestimar ninguna amenaza viral y no puede relajarse la vigilancia epidemiológica por muchos años que hayan transcurrido desde el último suceso de estas características. Otro aprendizaje, no menos importante, es que la información puntual y la verdad deben imperar en todo momento y que el afán de instrumentar políticamente una pandemia es, a fin de cuentas, impulsar la propagación del virus que la causa. La jornada
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